DEMOCRACIA

De política y políticos: J. Enrique Cáceres-Arrieta

Admito ser mal lector de informaciones, noticias y artículos sobre política y políticos. Los leo por ser periodista y porque debo estar informado de lo que pasa en Panamá y el mundo. Con el inexorable paso de los años no pocos términos han sido adulterados. Hoy no significan absolutamente nada. Palabras como cristiano, bautismo, fe, esperanza, amor, justicia, gracia, misericordia, Iglesia, secta, perdón, arrepentimiento, salvación, conversión, nuevo nacimiento... se han desvirtuado y perdido su valor evangélico. Son expresiones huecas a oídos del común de los mortales.

Para teístas, hipotéticamente cristianos, comunican mucho salvo lo que en verdad significan. En ciencia ocurre algo parecido. Voces como ciencia, científico, método científico han extraviado piso científico hasta elevarse a nubarrones filosóficos, cientificistas, ideológicos. Muchas “autoridades” investigadoras truecan ciencia por ciencia-ficción. Condenan dogmatismo religioso recurriendo a dogmatismo y radicalismo naturalista. ¿Desde cuándo la gasolina apaga fuegos?

Igual sucede en nuestra lengua romance por excelencia. No tienes que ser profesor de español para darte cuenta de que muchos hablan mal y escriben peor. La internet permite relajar reglas y agravar el problema. Muchas personas al expresarse oralmente o por medio de un escrito violan consciente e inconscientemente normas del idioma, cayendo en pleonasmos, extranjerismos, barbarismos, descoordinaciones gramaticales, entre otros vicios del lenguaje.

En reiteradas ocasiones hemos considerado la etimología de “democracia”. Viene del griego demos = pueblo. Y krátos = poder, autoridad. Democracia es, entonces, poder o autoridad del pueblo. El pueblo es soberano en una real democracia. Por su lado, la política suele ser solo un medio para enriquecimiento injustificado. Razón por la cual pocos creen en los que viven de la política. Desde hace rato política y político son palabras soeces.

Innumerables humanos piensan que “la política es sucia”. Y “todos los políticos son ladrones”. Ni la política es sucia ni todos los políticos son ladrones, aunque buena parte lo sea. El poder tampoco corrompe. Saca lo ya presente en el sujeto.

¿Qué es política? Al consultar el “mata burros” (así llama García Márquez al diccionario), observo que política es, entre otras cosas, “actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”. ¿Dónde aparece que “la política es sucia”? ¿Y “los políticos son todos corruptos”? El prejuicio y el mito tienen génesis en hechos de los politicastros.

Cuando aseguramos que la Corte tomó una “decisión política”, es incorrecto usar el término política para expresar derecho torcido. También es errado intentar desacreditar una justa reclamación social con la etiqueta “política”. Política es transparencia. Justicia. Demasiados humanos son tramposos, la política no. Cierto es que nuestro sistema político se presta para chanchullos. El avivado aprovecha deficiencias del sistema para su beneficio. La democracia es buena. Malo es un sinnúmero de acciones humanas. Malévolo es aquel que comete injusticia en forma de ley.

“Político/a” procede del griego politikós. Implica “de los ciudadanos” y “del Estado”. En Grecia, politikós era un ciudadano interesado en los asuntos del Estado y con plenos derechos políticos para participar en puestos públicos. Pero, asimismo, era un ciudadano que sin ser político profesional estaba dedicado a cuestiones civiles. A lo que hoy llamamos politicastro se le denominaba “idiota” (gr. idiotikós), puesto que solo se ocupaba en sus asuntos privados.

El idiota (idiotikós) hace negocios desde su posición política, sin hacer política. Además de politicastro, en América usamos la acepción “politiquero”. Describe al supuesto político que politiquea o hace política de intrigas y bajezas. Prefiero el vocablo politicastro, que es un despectivo para referirnos al “político” inhábil, rastrero y mal intencionado que actúa con fines y medios turbios. De manera que político (gr. politikós) es el preocupado e involucrado en el bienestar del Estado o de su comunidad. En cambio, quien se ocupa en sus cuestiones particulares es un idiota (idiotikós). El político genuino (politikós), insisto, está preocupado y ocupado en los asuntos del Estado, o por el bienestar de su nación, conformada por su gran prójimo. Como contraste, está el fascinado e idiotizado en sus negocios (idiotikós). El idiota que se cree vivo. Anaxágoras sostiene: “Si me engañas una vez, es culpa tuya; si me engañas dos veces, es culpa mía”.

Dejemos, pues, de llamar político (politikós) al idiota (idiotikós). Y “política” (polikikós) a la trampería que el idiotikós impone al llegar al poder. No hay excusa para equivocaciones ni confusiones al hablar, escribir, votar por un politikós o un idiotikós.

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