ADECENTAMIENTO

´La política es sucia´: Guillermo Ford

Se reconoce, lo aceptemos o no, que somos seres políticos. Incluso podríamos hablar de políticas empresariales, familiares o gremiales. Algunos dirán que son apolíticos, que nos les gusta ni quieren saber nada de esto, que no es para ellos y que al final no les afecta. En los grupos de afinidad encontraremos una variedad de personas miembros de diferentes asociaciones, clubes, equipos, gremios e incluso religiones, a quienes los une una forma de actuar o una finalidad en particular.

Por otro lado están las asociaciones políticas, partidos, cuyos miembros buscan gobernar con base en doctrinas, pensamientos, premisas de gobierno previamente estructuradas y planes diseñados. Así se venden con miras a mejorar la calidad de vida, tanto de sus agremiados como de sus conciudadanos. Los afiliados a estos trabajan en sus respectivas circunscripciones a través de núcleos o células que se estructuran sobre la base de estatutos supervisados por el código y las leyes.

Al final la agrupación política, igual que cualquier otra, no deja de ser ni más ni menos que la suma de hombres y mujeres cuya diferencia con relación a otra estriba en su origen y finalidad: organizarse para gobernar, basados en aquellos pensamientos, doctrinas y principios establecidos.

Con base a esto se programan los planes de gobierno dirigidos a desarrollar los trabajos que necesitan las comunidades y el país en busca del perseguido bienestar. Este solo se consigue si se trabaja con coherencia, seriedad y honestidad, que es lo que se vende o transmite que se hará.

Todo suena muy bonito, hasta que muchos ciudadanos señalan que solo era una quimera o un sueño de mal gusto, propio de políticos en campaña, es decir, viene un desencanto porque no se cumple. Esta decepción puede ser tan cierta como equivocada, pero al final sea correcta o no, nace de la percepción que tenemos de las actuaciones de los políticos. De lo anterior nace la idea de que “la política es sucia, que no es para mí”.

Pues bien, ser honesto o no serlo, justo o injusto, mentiroso o no, la mayoría de las veces se deriva de los valores inculcados. A través de la política, como sucede en otras latitudes, tendremos la oportunidad de reconocer los valores y antivalores de los que en ella se agitan. Así veremos personas honestas, leales y con un inquebrantable amor a su patria, al igual que encontraremos a tramposos y deshonestos que solo aman su bolsillo. Si logramos ver las diferencias y tener claro quiénes somos y cómo nos definimos, será más fácil ubicarnos dentro de la política para perseguir lo correcto. Así no nos quedaremos al margen, diciendo que es sucia. Si es sucia, usted puede ayudar a que no sea así. ¡Tu país te necesita, participa!

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