LA IMAGEN DE LOS PARTIDOS

El momento político actual: Jorge Luis Macías Fonseca

No cabe duda de que el oficialismo se mueve con alguna propiedad. Por su parte, la oposición atomizada en el PRD y el panameñismo, sin contar mayormente al Partido Popular, no encuentra un planteamiento coherente y unitario que impacte en los votantes. Al contrario, sus tímidos escarceos pretenden abrir una posibilidad de convencimiento sin resultados convenientes. La población advierte que los discursos son más de lo mismo.

Así, ni oposición ni oficialismo parecieran gozar de aceptación. No obstante, el bloque oficialista, a pesar de los reveses sufridos por el rechazo a una serie de medidas, no muestra significativas fisuras, lo que le ha permitido presentar algún nivel de consistencia en la elaboración de un alegato. No ocurre igual con la oposición que ha centrado su atención en demostrar quién tiene el liderazgo contrario al Gobierno, sin impactar en las masas produciendo, paulatinamente, desconfianza e incredulidad.

El esfuerzo de unidad a lo interno del PRD no convence del todo a su membresía, al punto de que se escuchan voces disidentes que parecen rechazar la unidad, artificialmente creada desde arriba y suscrita por el poder económico. Por ello, la aparición de otros candidatos a la Presidencia, que en apariencia no son adscritos a ese poder, manifiesta al interior de ese partido una lucha de posiciones “ideológicas”. El PRD enfrenta una encrucijada y debe presentar una imagen para el consumo interno y externo, que requerirá de esfuerzos extraordinarios.

El Partido Panameñista, en permanente crítica a las acciones del Gobierno, se presenta como una auténtica oposición, pero mal le queda ese papel, porque no solo fue parte importante de una alianza electoral, sino de la gestión de gobierno. Sin credibilidad opositora, tiene que seguir bregando para convencer de que en verdad se opone al Gobierno. Así, en un apurado ahínco por plantearse como contrarios a todo cuanto se genere desde el Gobierno, no reparan en la imagen de oposición forzada que construyen.

El oficialismo, aun cuando no presenta esa estampa de fractura, tiene de aliado al Molirena que todavía no cuaja como un auxiliar fuerte, precisamente, por su postura de prudencia ante las crisis ocasionadas por el partido Cambio Democrático (CD) en el ejercicio del poder gubernamental. Pareciera que ante la merma de aceptación pública del CD queda intentar sustraerle a la “oposición política” elementos representativos, a través del Molirena, lo que explica el denodado interés por la figura de un exministro de Estado panameñista y otros.

La izquierda, en tanto, no logra incidir en las masas y, a pesar del esfuerzo por presentar una oferta electoral, le falta empatía con el sector popular al que dicen representar. Tal vez, los métodos de fuerza empleados para reivindicar “derechos” han espantado a la comunidad, descalificándola.

Los independientes, por su parte, caminan a paso lento con un futuro incierto. Ahogados por el partidismo político no ven el camino. El panorama político en Panamá no es encantador, sino de confusión.

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