HORA DE RECAPACITAR

Cuando lo político anda mal...: Jorge Gamboa Arosemena

La política, como entidad en la vida de las sociedades–Estados, es como la glándula maestra (hipófisis o pituitaria) para el cuerpo humano. La hipófisis, con sus hormonas, regula la mayor parte de los procesos biológicos del organismo; es el centro alrededor del cual gira buena parte del metabolismo.

En los cuerpos sociales, la política genera la oportunidad de ordenar la vida de esos cuerpos o sociedades. En el cuerpo humano, si la hipófisis anda mal, todo anda mal. En las sociedades, si la política anda mal, todo anda mal.

Muchas veces queremos ver los procesos sociopolíticos en forma aislada, sin que sea consecuencia de la política, y se pretende que estos procesos puedan segregarse de la política. Se cree que el Canal de Panamá está lejos de la política. ¿No se supone que la administración de justicia debe estar lejos de la política? Hasta las normas que la rigen dicen que sus funcionarios no deben pertenecer a partidos políticos. La política es la búsqueda del bien común y el político debería ser el arquitecto de la convivencia organizada en la búsqueda de ese bien común.

Pero, ¿qué tenemos? Tenemos una sociedad en caos, en la que la salud estatal mata todos los días, pero nos alarmamos cuando mata un poco más, como pasó con el envenenamiento por dietilene glycol o, ahora, con las fallas en el nivel primario en control de vectores (¿o será descontrol de vectores?) que causa muertes por dengue agravado o hemorrágico y, en el sector terciario (hospitales), con infecciones nosocomiales que matan a los que buscan salud. Pero estas muertes son normales o menos que en otras latitudes, según dicen los funcionarios. ¡Vaya apología de estos insensatos!

En educación, ilusos unos, ignorantes otros, quieren que los gremios educativos del sector público se comporten como discípulos de la madre Teresa de Calcuta. Solo hay que ver que en la década del 40 del siglo pasado, mientras los diputados devengaban B/. 300.00 mensuales cuando sesionaban (tres meses al año), los maestros ganaban B/. 100.00 mensuales; es decir, una proporción de tres a uno. Hoy día, los diputados ganan 7 mil y los maestros empiezan con 500. ¿Qué ha pasado en siete décadas, que los diputados parecen de primer mundo y los maestros mendigos de tercer mundo? ¿Por qué los diputados ganan ahora 14 veces lo que un maestro? Esto es una aberración de lo que planteo: lo político ha degenerado y todo anda mal.

Ministros terratenientes, al igual que otra cantidad de ciudadanos que titulan legal, pero inmoralmente. Si la ley es inmoral, no merece ser ley. La tierra es la patria, como decía Mateo Iturralde, que no se vende y menos con la especulación criminal de hoy día. Sí, criminal, porque la tierra es de todos los panameños, como las aguas, el subsuelo, las playas, el espacio aéreo; pero, en su afán de capitalismo salvaje, un gobierno empresarial todo lo está vendiendo o concesionando, traidoramente. Dije empresarial, aunque no lo son, porque ellos así se llaman, pero no ven más allá de sus narices, obnubilados por la codicia.

Que tengan empresas para hacer fortunas no quiere decir que sean empresarios, porque un empresario no puede ser suicida si entiende su función social; no la de ser filántropos –como algunos creen–, sino en función del objetivo de la sociedad organizada políticamente; es decir, un Estado que busque el bien común. Los llamados empresarios, metidos malamente a políticos, presionan tanto que generarán cada vez más caos como en otras sociedades en las que tienen que andar con ejércitos de guardaespaldas, ellos y sus familias, para tener un poco de seguridad.

¿Esa es la vida ordenada que quieren estos gobernantes? Una sociedad en guerra –como la que ya vivimos– guerra del hampa contra todos, entre ellos y contra los ciudadanos comunes. ¿México la estará ganando? ¿Colombia, Venezuela, Guatemala y Brasil la estarán ganando? Si los llamados políticos y los ciudadanos más íntegros, más aptos y más ilustrados, que hoy no participan en la política, no entienden que hay que rehabilitar la política, llevarán al agravamiento de la crisis generalizada que vivimos. La obcecación de tener megapartidos, mediante todo tipo de triquiñuelas –como el caso Molirena– o la forma como hacen las elecciones en los partidos, mediante la coacción de los emplanillados (panameñismo) u ofreciendo dinero para comprar conciencias (panameñismo y PRD), con estas prácticas –sin ser fatalista, pero sí observador de los signos– el futuro se presenta nefasto.

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