RAZÓN DE SER

El poder político a través de la historia: Ricardo Cochran Martínez

Una de las hipótesis sobre el surgimiento de los líderes políticos dice que, en el principio, la sociedad de cazadores y recolectores tenía orientadores, individuos que por su experiencia y valor aconsejaban y eran emulados en sus actos. No eran jefes o líderes, porque la sociedad en ese momento no los necesitaba.

Marvin Harris, destacado antropólogo, señala que durante más de 30 mil años no hubo reyes, reinas o clases dominantes. La forma de vida era otra, era una época de igualdad y de solidaridad innata para la supervivencia.

Cuando la agricultura y la ganadería dieron los excedentes suficientes para poder intercambiarlos por otros artículos y servicios, apareció el líder político. El “cargo” descansaba, al principio, en las personas con mejores cualidades para mantener la supervivencia del grupo; estos distribuían los excedentes alimentarios.

Luego se pasó de distribuir los excedentes a empezar a acapararlos y a disfrutar de los privilegios que otorga poseer el mando y control sobre los medios de supervivencia. En el concepto de Marx, serían los controles sobre los medios de producción.

De tal manera, la obligación de dar resguardo, seguridad y protección, que era una obligación especial, tomó otro giro y formó a los déspotas. Ellos interpusieron –para beneficio propio–, teorías tales como su origen supernatural o emparentado con los dioses, lo que hacía del gobernante alguien intocable e infalible.

Luego, en tiempos más recientes, se dejó de lado el derecho divino de los reyes y se suplantó por el derecho de las armas, así aparecieron los dictadores militares en el poder.

La esencia de lo que debía ser el poder político se vio, más o menos, reorientada cuando se partieron de premisas distintas, que no deben olvidar quienes gobiernan y quienes somos gobernados. Toda sociedad necesita sobrevivir y debe hacerlo dignamente. Para ello los ciudadanos, según los métodos de la democracia actual, escogen libremente y sin manipulación a quienes los gobernarán. En este sistema se debe velar por el bien común, de todos y para todos, no por las familias o clanes.

La obligación es, también, ética y moral; no puede permitirse que el mal campee en la Tierra, porque es una ofensa para la sociedad.

Por otra parte, el deber de todo Estado es buscar y lograr el estado de bienestar general, al margen de las ganancias que ello representa; pensar que una población mejor alimentada produce más –como he escuchado decir a darwinistas sociales– es una afrenta; la gente tiene derecho a una buena vida y a la consecución de la felicidad.

¿Vemos ahora la importancia del poder político? No se debe ejercer solo por dinero y privilegios, no es tan solo para perseguir y adueñarse de lo que es ajeno y de todos, no es tan solo palabras, porque cuando vemos la historia en retrospectiva, nos damos cuenta de que quienes han procurado el mal para sus pueblos y sociedades, al igual que el criminal más vil, son quienes olvidan que el poder no es manipular, es una obligación de repartir a cada uno lo que se merece y necesita.

¿Cómo debemos asumir nuestro rol en el poder? Eso es parte de nuestra propia ética y de la enseñanza de nuestros padres.

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