VENEZUELA

Sobre políticos ´finaos´: Guillermo Sánchez Borbón

Ni mi edad ni mi salud me permiten comunicarme ahora con los lectores. Este articulejo es una excepción. No he podido resistir la tentación de comentar algunas de las cosas que han ocurrido en estos días.

Los descendientes de Hugo Chávez se han dado gusto lanzando, a un público desprevenido, cuanta sandez tiene la temeridad de alojarse en sus cerebros (de los que ha huido, despavorido, el sentido común). Para muestra un par de botones: El sucesor de Chávez nos ha regalado con unos cuantos tesoros de su cerebro (llamémoslo así). Entre sollozos, un par de días después del deceso de su amado líder, sin dejarse intimidar por la evidencia científica ni por el aborrecido sentido común, nos entrega la siguiente perla: “Al presidente Chávez los gringos le inocularon el cáncer que lo mató”. Creí haber oído mal, creí que mi agotado cerebro había elaborado el dislate. Pero no, otro de los herederos de Chávez lo repitió en su visita a Estados Unidos: sin duda alguna los gringos habían inoculado el cáncer al infalible gobernante.

Pero preso por mil, preso por mil y 500. Al día siguiente su excelencia, el nuevo y futuro gobernante de Venezuela, nos regaló con otra perla de su inagotable imaginación. Las cámaras de televisión lo enfocaron cuando nos agredía al darle, a través de las cámaras de televisión, sus parabienes al recién electo Papa. Y agregó: “El comandante Chávez desde el cielo, donde está sentado a la siniestra (porque la diestra ya estaba ocupada) del padre todopoderoso, le aconsejó al nuevo jefe de la Iglesia que nombrara como nuevo Papa a un latinoamericano (porque al padre eterno jamás se le hubiera ocurrido)”. Lo asombroso es que el público presente aplaudió a rabiar esta asombrosa revelación.

Si yo fuera venezolano, estaría haciendo los arreglos para refugiarme en otro país, cuyo presidente no se crea consejero del padre eterno.

Para que vean que el nuevo mandatario de Venezuela no improvisa sus ñamerías, él y sus paniguados se proponían momificar el cadáver del finado. No con mala fe ni con ánimo de mortificar a nadie. Me permito recordar que cuando Stalin finó, sus camaradas también lo momificaron y lo pusieron al lado del otro momificado, el padrecito Lenin. Pero entonces, tres años después, Nikita Kruschev hizo su famosa denuncia de Stalin, revelando todos sus crímenes y locuras. En el siguiente congreso, una dama compartió con los delegados la siguiente revelación: en sueños se le apareció Lenin y le suplicó, “no quiero tener a Stalin a mi lado”. Y los delegados (presuntamente ateos), llenos de santa indignación ordenaron que se sacara el cadáver de Stalin del mausoleo y se le diera cristiana sepultura en un cementerio cualquiera.

Ya había escrito las palabras anteriores, cuando los ñames de Venezuela comunicaron –Urbi et Orbi– a un mundo pendiente de sus palabras, que no iban a (mejor dicho: no podían) momificar al semidiós, porque (y esto es una conjetura mía) en el ínterin la intervención de la podredumbre había frustrado sus siniestros planes. Desde el cielo Chávez, sentado donde ya dije, habrá exhalado un ruidoso suspiro de alivio.

El Señor nos coja a todos confesados. O de mis partidarios líbranos, Señor, que de mis enemigos me ocuparé yo.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

23 Ago 2017

Primer premio

8 3 0 1

ACCD

Serie: 19 Folio: 11

2o premio

3552

3er premio

1426

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código