SOCIEDAD

La cultura del ‘juega vivo’ al volante: Iván Samaniego

La cultura del ‘juega vivo’ al volante: Iván Samaniego La cultura del ‘juega vivo’ al volante: Iván Samaniego
La cultura del ‘juega vivo’ al volante: Iván Samaniego

La cultura del “juega vivo” es una expresión que implica un conjunto de conductas que violan normas sociales o reglas morales, y cuya repercusión es la afectación directa o indirecta de otro u otros. En este caso específico nos referiremos a estas, pero en torno al manejo de algunos conductores.

Cuando estoy en mi automóvil en la fila de un gran tranque (algo muy frecuente en Panamá), me produce malestar y perturbación ver cómo algunos conductores “juega vivo” toman por los hombros para rebasar a otros autos, fenómeno que ocurre de forma consistente en diversas rutas (corredores, vía Panamá-Arraiján, etcétera). El impacto sobre el resto puede ser de cierto malestar, mayor angustia o de displicencia, pero en términos concretos aumenta el congestionamiento pues –sin ser experto en redes y procesos viales– entiendo que esos conductores en algún punto de su retorno a la fila producirán una especie de embudo, que agravará el problema.

Lo paradójico es que ciertos profesionales aprueban tal conducta por considerarla inocua. Este tipo de acción solo la justificaría si se traslada a una paciente a punto de dar a luz o a una persona moribunda que necesita atención médica de urgencia.

Desde el punto de vista psicosocial haremos algunas explicaciones en torno al tema. Nos preguntamos por qué tales conductas no se reflejan cuando los panameños tienen que hacer fila en un supermercado o local comercial, al esperar que se le atienda.

Hay dos explicaciones, la primera es el anonimato físico. La identidad del conductor es reemplazada por la del auto. Como nadie los ve, nadie es capaz de enjuiciarlos directamente, y ellos tienen menos aprensión por la crítica, que es la preocupación por la forma como otros nos evalúan. Esto no ocurre cuando la persona hace fila en la caja del supermercado, pues ante tal acción mucha gente reaccionaría en contra del sujeto.

La otra se refiere a la “desindividuación” que implica la pérdida de la conciencia propia y del miedo a ser evaluado. En este caso la conducta de uno es suficiente para que otros la imiten, en esa situación el individuo no ve su comportamiento como una responsabilidad individual sino grupal, y se rige por la norma del grupo (aunque esta sea mala). En su cognición está implícita la frase “si otros lo hacen, ¿por qué no puedo hacerlo yo también?”. De esta manera la responsabilidad individual pasa a ser del grupo, fenómeno que explica el comportamiento de muchas personas durante los saqueos y las palizas que se le propinan a un individuo.

Pero lo peor no es esto, incluso me ha tocado observar que algunos conductores se burlan de las autoridades. En la ruta Arraiján-Panamá hay policías apostados en los hombros para impedir ese “juega vivo” de algunos conductores, sin embargo, muchos insisten en ir por los hombros e ingresan a la fila antes de que el policía los vea, y unos metros más adelante retornan al hombro.

Según la teoría del desarrollo moral de Lawrence Kohlberg, los seres humanos atraviesan por una serie de periodos respecto a ese desarrollo moral, el primero es el preconvencional que se caracteriza por el egocentrismo, no se reconocen los intereses de los otros como diferentes a los propios. Lo justo es la obediencia ciega a la norma, evitar los castigos y no causar daños materiales a personas o cosas. Las razones para hacer lo correcto son evitar el castigo y el poder superior de las autoridades.

Se puede argüir que estos conductores poseen el desarrollo moral de un niño de entre cinco y seis años que necesita la presencia de la autoridad y el castigo para no cometer infracciones, pues no han internalizado las normas y dependen de un factor externo, típico en los sujetos con personalidad antisocial.

Hay formas drásticas de terminar con esta mala práctica, mientras se amplían ciertas rutas en este Panamá intransitable. Una sería instalar cámaras para registrar las placas de los automóviles y multar a los conductores en forma ejemplar. Otra podría ser colocar policías muertos en los hombros, cada cierta distancia, lo que obligaría a los conductores a ir lento, y muchos optarían por retornar a las vías.

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