DISTORSIONES EN EL SISTEMA

El excesivo presidencialismo y la partidocracia limitan la democracia: Miguel Ramos

El sistema político, vigente en Panamá desde 1990, es democrático en su forma, pero no en su fondo, pues no fue producto de la voluntad del pueblo, sino de una invasión militar extranjera. El triunvirato compuesto por Endara, Arias y Ford, en vez de subsanar este problema con la convocatoria de una Asamblea Constituyente, dio paso a una partidocracia representativa de grupos económicos que utilizan al Estado como plataforma de negocios.

La meta del sistema no es la promoción del bien común, sino la de acrecentar la riqueza de pocos. Por tanto, no es de ninguna manera de extrañar que este sistema adopte cada vez más formas más autoritarias en virtud de tener una base política muy restringida, producto de su divorcio con la mayoría de la sociedad.

El sistema ha entrado en una evidente crisis que se manifiesta en las fracturas internas que afectan a los partidos políticos, y que da paso al transfuguismo sin precedentes, promovido por el actual bloque político gobernante.

A lo anterior se le suma el presidencialismo, que es una deformación del sistema presidencial, ha sido exacerbado por Ricardo Martinnelli, lo que ha llevado al sistema político vigente a sus límites. A esta exacerbación del presidencialismo algunos lo han llamando, equivocadamente, dictadura civil.

Es necesario recordar que cuando nació el sistema presidencial en Estados Unidos, hace más de 200 años, una de las críticas que se le señalaban, era que las facultades que se le concedían al Presidente eran muy cercanas a las de un monarca, pues las decisiones finales las tenía que tomar un solo hombre.

También es necesario señalar que una de las preocupaciones de los constituyentes que elaboraron la Constitución de 1787, fue que en Estados Unidos no se repitiera el fenómeno de Oliver Cromwell, líder indiscutible de la revolución que gobernó Inglaterra entre 1645 hasta 1658 y que estableció una dictadura. Cromwell en esa época era lo más cercano al fenómeno político del caudillismo, muy extendido en América Latina en todo el siglo XIX y gran parte del XX.

Por una serie de factores, el sistema presidencial en Estados Unidos no derivó en presidencialismo y esto fue un fenómeno previsto por los que elaboraron la Constitución de 1787.

Uno de los factores que impidió la deformación del sistema presidencial en Estados Unidos fue el desarrollo de una sociedad civil fuerte y cuyo papel el Estado reconoce.

Lo mismo ocurre en Francia en donde el Presidente cuenta con amplias facultades y comparte la labor de gobernar con el primer ministro.

En América Latina y en Panamá la figura del Presidente ha sido excepcionalmente fuerte. En nuestra época, el caso más agudo de presidencialismo es el de Venezuela a través de la denominada Ley Habilitante, prevista en la Constitución de 1999, que le concede amplias facultades al Presidente en un período dado definido por el Congreso.

En nuestra opinión, la Ley Habilitante es una figura tomada de la República romana en donde el Senado de aquella época podía nombrar a un dictador en caso de emergencia por seis meses prorrogables.

En el caso de Panamá, la Constitución de 1972, en su primera versión, era de un carácter agudamente presidencialista y en ese año la denominada Asamblea Nacional de Representantes de Corregimientos le transfirió al general Omar Torrijos todos los poderes que le correspondían al Presidente hasta 1978 y lo nombró como jefe de Gobierno.

Las posteriores reformas constitucionales, de 1978 y 1983, no modificaron el agudo presidencialismo de nuestra Carta Magna.

Después de la invasión no se convocó a una asamblea constituyente, lo que fue un craso error. Al mantenerse el agudo presidencialismo que permite nuestra Constitución, cada presidente ha gobernado a su antojo y con el agravante de que los niveles de organización de la denominada sociedad civil panameña no son los más óptimos y es vista con recelo por los ocupantes del Ejecutivo.

Es obvio que el presidencialismo en Panamá ha sido llevado a sus límites por el actual presidente, lo que está profundizando una crisis política que, en nuestra opinión, estalló a partir de las elecciones del año 2004, cuando el Partido Panameñista fue derrotado de forma contundente y solo alcanzó el 15% de los votos.

Esto generó una crisis interna que aún no ha superado y que, al contrario, se agudiza. Lo mismo sucede ahora con el Partido Revolucionario Democrático después de su contundente derrota en el año 2009.

Los partidos políticos vigentes en Panamá son coaliciones de grupos de interés y no asociaciones con objetivos programáticos. Solo la convocatoria de una Asamblea Constituyente originaria, con amplia participación popular, podrá corregir la actual distorsión del sistema político vigente y llevarnos a una verdadera democracia.

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