INCONSCIENCIA

Sobre la privatización del agua: Ricardo Cochran

Cuando América Latina fue introducida a la historia moderna y universal, lo hizo en condiciones muy precarias y de total sumisión a los intereses que se hilvanaron muy lejos de nuestras regiones; que más bien correspondían a una cosmovisión y entendimiento del rol de cada ser humano en una sociedad dominada por la idea de la divinidad en el poder, en que la bendición eclesiástica sobre sus acciones estaba bien y el ser humano era un objeto más.

Los 300 años de dominación europea sobre nuestra América representaron la explotación despiadada de los recursos naturales, en este caso, de los metales preciosos como el oro, la plata, etc. Y terminó con la explotación de las actividades agropecuarias que entonces no hacían ninguna mella en el pacto colonial, a excepción del azúcar, el café, el algodón y la coca.

Con la llegada de la independencia, en 1821, los señores de la tierra se convirtieron en los amos de las nuevas repúblicas. Ningún prieto –como el que escribe este artículo–, indígena ni mestizo accedería al poder, solo la élite que se convirtió en lo que se ha denominado “la oligarquía”, dominaría en toda América Latina y en Panamá.

Eran nuestras naciones latinas las repúblicas de los primos, es decir, solo se alternaban en el poder los primos, hermanos, cuñados, nueras y yernos. Una cosmovisión en la que las relaciones de poder están repelladas con lazos de sangre, entre los encomenderos contemporáneos.

Se desarrolló la Revolución industrial y Europa tomó nuevamente la delantera. Crea máquinas, industrias, fábricas, vías de comunicación y transporte nunca antes vistos. La tecnología se convirtió en el arma más poderosa desde 1800 hasta el presente.

Las dirigencias latinoamericanas no contaban con personal técnico, porque no necesitaban a ninguno para sembrar yuca; tampoco tenían los medios ni el conocimiento para enfrentarse a esta nueva ola de tecnología, lo que Alvin Toffler llamó La Tercera Ola. Así que los menguados recursos serían otros: El guano, carbón, hierro, cobre, estaño, azúcar y la coca.

Ni hablar de nuestro interés en invertir en la tecnología y la ciencia. Nuestras campañas solo apuntaban a negocios de borrachera y baile, porque el legado de los españoles y portugueses, desde la época colonial, fue la fiesta, la ignorancia y los cuentos de brujas. Ello contribuye a que la corrupción y el “juega vivo”, aparezcan como una forma de vida normal.

¿Por qué digo esto? Porque para vender el recurso natural más vital, como el agua, debes tener un alto grado de inconsciencia, y eso solo es posible cuando las castas dominantes están tan desesperadas que venderían a su propia madre para sacar “alguito”. Ni los ambientalistas se han pronunciado, eso es decir bastante…

Los científicos han pronosticado que debido a la explotación inmisericorde de la naturaleza y a la superpoblación planetaria, los recursos vitales se reducen a dos: el petróleo, por el que seguirá la guerra y, ahora, el agua, por el que la guerra terminará en holocausto.

Las guerras en el futuro serán por el agua. La nación que pueda mantener reservas acuíferas dominará a las demás, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas.

Bien, lo que pretenden las oligarquías latinoamericanas –sean de derecha o sea de izquierda– es vender el agua o privatizar su uso por parte de empresas extranjeras, según sea la política. Veamos, si son de izquierda a la madre Rus, y si son de derecha a los Estados juntos; porque acá solo hay tecnología para enfriar el guaro. Hasta yo me sé el estribillo del comercial.

Así que, debido al comportamiento, a la herencia, al discurso, a las ansias de visitar Disney o de visitar La Habana, nuestros dirigentes retrocederán 500 años, al inicio de la conquista. Pero en esta oportunidad, los señores de la tierra son los que llamarán a los conquistadores y les entregarán al dominus (lo que nos quedaba): el agua. La historia se repite en espiral, Tucídides.

No se estresen, esta clase jamás perderá el sueño por vender a su país. Se me olvidaba comentarles la idea planteada por Celso Furtado, un progresista, en su maravilloso libro Historia Económica de América Latina, para la oligarquía el concepto de nación es una construcción abstracta, solo útil para el discurso de campaña electoral. De forma que Panamá, para ellos, es solo un buen negocio, una extensión de su finca.

Mientras tanto, iré embotellando mi agua y la guardaré como el gran tesoro que es... no sea que me corten el suministro que, por los vientos que soplan, es lo más seguro.

¡Salud compatriotas!

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