REFLEXIÓN

El privilegio de ser padre: Víctor Juliao III

Cuando mi hijo crecía en el vientre de su madre, solo atinaba a pedirle al Altísimo que llegara al mundo sano. Son nueve meses de angustia y felicidad; de preparación, de arreglos, de imaginaciones, fantasías, planes, metas. Es un período en que desde ya le vamos trazando caminos a ese que ha de llegar. ¿Qué será de él; qué profesión seguirá; será músico, inquieto, pensador, compositor, arreglista? ¿Acaso seguirá los pasos de su madre? ¿Le encantará irse por los caminos de la ingeniería?

El momento llega, por lo general la primera expresión sale de la suegra; la mayoría utiliza esa frase que disipa dudas... ¡Oh, pero es igualito a su padre! Esa declaración calma nervios y da confianza. De repente tienes en los brazos a ese pedacito de carne que apenas alcanza a moverse. Un orgullo profundo invade el corazón. “Tengo descendencia; el apellido no se perderá; él lo llevará con orgullo y lo haré una persona especial”. Esas y otras ideas van y vienen; es posible que una lágrima de emoción y alegría corra por las mejillas ante tan extraordinario evento.

Desde ese momento ya estamos pensando en la guardería, en la escuela, el colegio, la universidad. Los pensamientos comienzan a viajar a toda velocidad. Dicen que la llegada de un hijo lo complica todo; aquellos remansos de paz, de despreocupación desaparecen con el advenimiento del vástago. Sí, es cierto, pero detrás de ellos vienen otras experiencias que minimizan aquello que se ha perdido. Cuando los padres se ofuscan al no poder manejar la situación, amigos y familiares dicen: “Querían ser reinas de Carnaval, entonces aguanten el guaqueo”. Es una manifestación que lleva mucho de broma y seriedad. Ser buen padre no es fácil. Con tantas desviaciones que nos presenta la sociedad; con los pasatiempos, vicios, compromisos, etc., poco es el tiempo que sacamos para los hijos.

Alguien me dijo, en una ocasión, que cuando llegó al altar para unir su vida en matrimonio, no le pidió poder ni riqueza al Todopoderoso. “Solo, mi Dios, permíteme estar en el hogar, por lo menos hasta que los hijos hayan pasado esa etapa crítica de la vida”. Hoy, él, con ese orgullo que le caracteriza, me dice: “Mis hijos no fuman, no toman, no juegan caballos ni lotería; no van a los casinos y son ahorradores; estuve con ellos en la etapa difícil de su vida y hoy son tres hombres de bien”.

Nuestra misión no es traer al mundo hijos por traerlos; ellos serán la continuidad de nosotros; el reflejo de nuestras vidas y desde que nacen tenemos que dedicarnos a tiempo completo en esa profesión de padres. Las sociedades modernas deberían abrir bachilleratos y universidades para que uno pueda estudiar una carrera que nos forme como padres. No me refiero a quienes se dedican a exaltar la espiritualidad.

Que orgullo sería ostentar una licenciatura o un doctorado en cómo ser papá. Esta es una de las tantas ideas que se me pasan por la cabeza y la verdad me parece viable. ¿Quién es usted? Le preguntaríamos a ese que trata de entrar a formar parte de una empresa. “Soy fulano de tal, experto en computadoras y con un doctorado de cómo ser un buen padre”. Listo, de una vez lo contratamos pues una persona que es buen padre, será buen hijo, buen hermano, buen amigo y excelente trabajador. A todos mis colegas que hoy son padres a punta de golpes, de experiencias ajenas, les deseo lo mejor. No tenemos un día libre como las madres, pero algo es algo. Y es que las madres son súper especiales.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código