VISIÓN DE PAÍS

El progreso insufrible: Víctor Paz

Una característica bien definida del “cambio” es que ha puesto a sufrir a todos los panameños. Cuando comenzó, nos vino encima una crisis de agua y aseo que, dicho sea de paso, después de casi cuatro años aún no superan. Recuerdo a gente de barrios medios y altos, formando filas para tomar agua de carros cisterna. Y así han seguido torturándonos a todos por “un progreso” que no termina de llegar.

Luego nos vienen con ese cantito de la “continuidad”... Este gobierno, más que los mediocres anteriores, ha venido a tocar la puerta de nuestros hogares con malestares innecesarios. Entre espasmos escandalosos de corrupción, confrontación armada (no pocas veces) y tinglados masivos de pueblo contra pueblo, autoridades contra pueblo, gremios contra gobierno, ya no hay paz en este país. Paralelamente a los escándalos que explotan cada semana, viviendo en suspenso con lo del agua y la electricidad, sobrevivimos al tranque más anormal de todos los tiempos.

Y, entre tanto desgaste, la vida sube de precio sin que el Gobierno haga algo por evitarlo, peor aún, aumentándonos los impuestos. Frecuento los buscadores de trabajo en línea, y no veo tal crecimiento o mejoras en las ofertas laborales. El tipo de empleo que parece haber aumentado (el que nos da este espectro de superávit en el país) ha sido el menos profesional. Los puestos con buen recaudo se los dan a extranjeros, por la patética excusa de que en Panamá no hay “mano de obra calificada”. Y los representantes de nuestras prestigiosas casas de estudio públicas y privadas, callan. Como si aquí solo hubiera obreros, chicheros, buhoneros, raspaderos, choferes, cantineros, meseras, etc. Y mientras los poderosos se reparten nuestro país, el resto sobrevivimos sumidos en tranques, aguas negras, basura y corrupción. ¿Qué le pasa al panameño que no habla, que no se queja? ¿Será que este gobierno nos ha golpeado tanto, que ya ni quejarnos podemos? ¿O será que esperamos silentes 2014 para “sacarnos el clavo”? Si seguimos en esa actitud, en las elecciones podremos sacarnos el clavo, pero con otro gobierno peor.

Cuando los indígenas protestaron se les acusó de intentar desestabilizar al Gobierno; cuando los obreros, maestros o los estudiantes salen, le achacan la culpa a “los infiltrados” que también quieren minar la estabilidad; en el caso de las enfermeras se les tildó de vagas; cuando el pueblo reclama por sus necesidades básicas nos culpan a todos, tildándonos de parásitos y arrimados, y cada vez que sale a relucir un nuevo escándalo, nacional o internacional, acusan a la oposición.

Prometen un progreso, pero a altos niveles de vida que no podrá pagar el panameño promedio, cuyo sueldo no le alcanza. No nos tratan como ciudadanos, sino como imbéciles, esclavos de una monarquía con ribetes de fanatismo religioso. Nos deterioran la existencia con más horas de tranque y menos horas de sueño. Todo para “embellecer” una ciudad que solo será para los turistas pudientes y los dueños de los resorts u hoteles. En consecuencia, los jóvenes tendrán que abandonar sus estudios para servir a los turistas o vender raspado. Si el panameño no reacciona y corrige su actitud, con menos juega vivo y más inteligencia, lo que le pasó a los dueños y conductores de diablos rojos, nos pasará a todos los profesionales asalariados e inclusive a negociantes menores de este país.

Ojalá los muertos y mártires del 9 de enero regresaran a darnos clases de soberanía, orgullo nacional y dignidad ciudadana, que parece hemos perdido entre alcohol, palo y el aporreo de todos estos pésimos gobiernos.

No hay progreso sostenible, no hay crecimiento integral, no hay desarrollo equitativo. Aquí lo único que se ve es un desorden incosteable para la mayoría de los panameños y un negocio redondo para unos pocos aprovechados. Somos un pequeño megapaís con grado de inversión, sumergido en aguas negras, basura, pésima distribución de riquezas, injusticia social y corrupción. Ya es hora de que empecemos a generar nuestras propias opciones, recordando que la lucha no violenta, también genera opciones, pero la mansedumbre solo nos trae más y peor esclavitud.

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