RECLAMO CIUDADANO

Dos promesas realmente imperdonables: Ernesto Alvarado

Aún recuerdo la campaña del hoy Presidente de la República en las últimas elecciones. Caminaba en los zapatos del pueblo, tenía un discurso diferente y de todas las promesas que hizo, se me quedaron dos que para mí son las más importantes y si las hubiera cumplido tendríamos el mejor país del mundo.

La primera era: “Gobernaré con los mejores panameños, no importa de qué partido sean”. No pretendo aburrirles haciendo un recuento extenso de todos los funcionarios “compitas” que han pasado por las diferentes oficinas de gobierno, a quienes o les quedó grande el puesto o salieron en medio de un escándalo. Lo que entendí fue que no necesariamente tenían que “transfugarse”, cambiarse de partido o manifestar ese apoyo antes de las elecciones. Creí, por alguna razón, que la gente que estaría en los puestos de toma de decisiones, los más importantes y delicados, sería preparada, estudiada, con poca experiencia pública, pero sin rabo de paja y, por ende, al menos intentaría hacer las cosas de la mejor forma posible.

Sin embargo, hemos visto problemas en la Autoridad Nacional de Administración de Tierras con escándalos que nos mantuvieron entretenidos por varios meses, igual con la historia de nunca acabar de la basura y un director que ha sido incapaz de organizar la recolección. Ya perdí la cuenta de cuantos directores de Tránsito hemos tenido, pero el actual tampoco parece dar resultados. No ha puesto orden ni en el Metro Bus ni con los taxis pirata y ahora inventó ponerle chaleco a los motorizados.

La seguridad es una tarea pendiente, porque todo queda en excusas y percepción. Tenemos problemas en salud a todo nivel, igual con el alto costo de la vida que el Presidente, como experto en la materia, tendría que bajarlo, pero lo que ha hecho es subirlo. Entonces, la gente que fue designada para atacar este punto, tampoco fue la mejor. Y parece que la familia que trabaja unida, permanece unida, pues papi es vocero y el hijo es viceministro.

Hay tres millones y pico de panameños de donde escoger, pero solo nos concentramos en unos pocos apellidos. Y no es que no tengan derecho a trabajar, pero la mujer del César no solo debe serlo, sino parecerlo.

Ahora que digo que somos tres millones y pico de panameños, no sabemos de qué tamaño es ese pico, pues con el desastre del último censo, ya no sé ni qué pensar. Y ni hablemos del poco de “plomos” que nos representan en el servicio exterior. Desde cónsules que no sé si estudiaron la historia, hasta uno que participaba en fiestas extrañas.

Para colmo, tuvimos al famoso “Jumbo Man”, quien resultó ser un súper héroe de bajo presupuesto, con ropa destartalada y sin poderes especiales. Un personaje tan malo, que creo que casi nadie lo extraña. Ni en eso tuvimos al mejor.

Para mí es sencillo, si hubiésemos colocado a los mejores profesionales en cada puesto importante del Gobierno, hubiésemos hecho lo mismo o más de lo que se ha logrado, pero a mejores costos y condiciones económicas, no dando pie a sobrecostos ni a precios disparatados con los que pagamos cada obra.

Se me olvidaba, el otro imperdonable es: “se puede meter la pata, pero no la mano”.

Reconozco y aplaudo que se estén haciendo obras, grandes, importantes y necesarias, como el Metro, los pasos elevados, las carreteras en el interior, los hospitales, etc. Ningún gobierno había hecho tanto, pero tomemos en cuenta que los anteriores no manejaron tanto dinero como el actual. Este subió los impuestos, por eso hay más inversión, y más extranjeros pagando de más por las mismas cosas. Era lo menos que yo esperaba. Que los impuestos se vean en obras.

Sin embargo, aquí todo el mundo mete la pata pues fueron autorizados por el Presidente. Toman decisiones desacertadas y luego, cuando la gente cierra calles y forma el caos, entonces, reculan y se sientan a consultar.

Todavía tengo la esperanza de que el Presidente reaccione, haga una reingeniería en su gabinete y en algunos puestos importantes del Gobierno. No más movimiento de fichas, ojalá ponga a gente verdaderamente capaz y comprometida con el país, no con intereses personales.

No más metidas de patas, mucho menos metida de manos. Esta crítica es constructiva, ya que aún tengo la esperanza de vivir en un país con prosperidad para todos; en donde la palabra de caballero cuente, los maleantes de cuello blanco estén presos, sin juega vivos, en el que se viva en paz y con seguridad. Cúmplame estas dos promesas y estará paz y salvo con este servidor y con muchos otros panameños.

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