GOBIERNO

La tragedia de un cambio prometido: Luis Ernesto Ramírez Castillo

Durante la campaña política del año 2009 y antes, el señor Ricardo Martinelli desarrolló su propaganda electoral prometiendo “un cambio”, enarbolando la consigna de que el PRD y los demás partidos “todos eran la misma porquería”.

Yo entendí que su objetivo era cambiar el sistema social, político y económico del país –además de eliminar los actos de corruptela–, para beneficiar a las mayorías mediante salud, educación y trabajos para todos; incentivando la producción nacional de alimentos, las tecnologías, la cultura y la protección de los recursos naturales; es decir, aumentando las riquezas para todos. Pero la realidad es otra.

Es evidente que esas promesas fueron parte de la estrategia electoral con la que se engatusó a una cantidad enorme de votantes (925 mil personas). En estos cuatro años de gobierno, nuestro país ha vivido lo de siempre: corrupción incontrolable, encarecimiento de la canasta básica, aumento de impuestos con la excusa de que beneficiarán a los más pobres, escándalos políticos, funcionarios prepotentes y abusivos, poco importa con el manejo de los fondos públicos y con lo que dicen las leyes, rebuscas, coimas, etc.

Tal vez lo que más ha impresionado de los “cambios prometidos”, es que nada cambió. Todos vivimos los problemas que se generaron en Changuinola cuando la población, prácticamente, provocó una insurrección contra el gobierno; igual sucedió en Chiriquí, con las protestas en poblados como San Félix y Volcán, y se repitieron en Colón. Todas estas situaciones agobiantes nos recuerdan los tiempos de Noriega, de Endara, Moscoso, Pérez Balladares y Martín Torrijos; es decir, que no distinguimos dónde está el cambio prometido, ni por qué el Sr. Martinelli decía que los demás políticos eran la misma porquería. Tal vez, el cambio en estas insurrecciones es que nunca habíamos visto que un grupo de personas se tomaran un cuartel de la policía en un acto insurrecto, como ocurrió en Changuinola, San Félix y Volcán.

Este gobierno ha estado enredado desde su inicio, porque pasa de un escándalo a otro, de un negociado a otro, de una burla a otra. Intenta controlar las instituciones del Estado, igual que los gobiernos anteriores, pero con mayor descaro. Los servicios sociales (agua, luz y basura), son cada vez más críticos; el alto costo de la vida y el desempleo desesperan a muchos panameños, aunque Martinelli lo niegue.

Es una situación desesperante, especialmente entre la juventud que busca un medio de ganarse la vida honradamente y, como muchos no lo logran, la delincuencia se ha hecho insoportable. La educación está en franco deterioro, ni siquiera hay dinero para reparar escuelas; además hay muchas obras paralizadas porque los dineros se reparten en politiquería. En fin, no diviso el cambio, pero Martinelli insiste en que se ha hecho y que el pueblo está feliz.

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