RECHAZO

A propósito de la pena de muerte: Carlos A. Voloj Pereira

Vuelve a la palestra el tema de la pena de muerte. ¿Represiva, preventiva? ¿Inconstitucional? ¿Matar legalmente? Y muchos otros cuestionamientos que se mencionan alrededor del controversial y polémico tema. La ley de la vida nos enseña que nacemos, crecemos y morimos... en el mejor de los casos, de viejos. Entonces, resignémonos a morir por naturaleza o por accidente, pero no por nuestras manos o porque hombres, en su sano juicio, dispongan que se nos debe privar de la vida por castigo.

Somos abolicionistas y nos atrevemos a deducir que muchos hombres y mujeres, también, estarán en contra de la pena capital; más que por convicciones legales y sociales y hasta humanitarias, por convicciones morales de conciencia y de infinita fe en que los hombres deben cumplir con su destino sin que otros interfieran en el ciclo de su vida, que es nacer, crecer y morir.

No estamos de acuerdo con que, si la sociedad pretende evitar y reprimir el crimen lo deba hacer, pagando con la misma moneda. Está demostrado que la mejor manera de educar a un hijo no es dándole de azotes o castigándole severamente, sino dándole todo el amor que nuestro ser inteligente es capaz de dar.

La sociedad conforma lo que pudiéramos llamar la gran familia, en la que el padre es el Estado y la madre, la educación moral y civil, sin embargo, pudiera aducirse que aún los buenos matan ...y ¡es verdad! De ahí que el procedimiento hacía el perfeccionamiento de la condición moral y civil del individuo humano es muy lento y gradual. Pero uno de los pasos más decisivos y efectivos, es el de borrar del escenario humano la acción de matar, de manera que quede reducida al individuo como un accidente de su personalidad y condición humana de ser. Pienso que es más constructivo para el delincuente, dejarle todo el tiempo que le quede de vida (meditando sobre el proceder y su destino, lo que de por sí es ya cruel castigo), antes que arrebatarle la vida en “nombre de la ley”.

Pudiera aducirse que, para muchos condenados, la reclusión perpetua es más cruel que la condena a la pena capital. La extraordinaria capacidad del ser humano a la adaptación ambiental y a las circunstancias que lo rodean hacen que el recluso cuente con recursos naturales y personales que, complementados con los adecuados y probados recursos de rehabilitación sistematizada y psicológica, ayudan notablemente al condenado a sobrellevar su nuevo modus vivendi que puede ser canalizado hacia la producción de reparación del daño cometido a la sociedad. Si alguna conciencia y pensamiento humano tuviera que cargar con el caso deprimente y aniquilador del horror del remordimiento y el arrepentimiento, que sea únicamente el pensamiento y la conciencia del culpable y no la conciencia y pensamiento del juez, jurado, acusadores, carceleros y verdugos.

¿Por qué involucrar en otro crimen a tantas personas inocentes, solo porque tienen que cumplir con un deber?

Ha sido harto comprobado que todas las ejecuciones y diversas maneras de aplicar la pena de muerte (todas ellas atroces), no han servido de escarmiento a los crímenes. De ahí que la pena de muerte no ha demostrado efectividad, como medida para evitar el crimen o reprimirlo.

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