OFERTA ELECTORAL

No puedo seguir callado...: Francisco Bustamante

Estoy hastiado de las ofertas electorales que hacen que el ambiente nacional se parezca más a un bazar que a una palestra en la que se debate el futuro del país, en este nuevo siglo que aún no termina de despegar. Me harta el desparpajo de los políticos para ofrecer lo que no es de ellos. Hablan de regalar, gastar, condonar y seguir gastando, y le crean al extranjero que nos visita o que ha hecho del país su residencia ocasional la imagen de un pueblo que yace a los pies de sus amos, esperando que le caiga un hueso o un bocado, sin ningún esfuerzo propio.

Sí, estoy cansado y apenado de ver también los abrazos de humildes hombres y mujeres del pueblo llano, negro y arrabalero, que se cuelgan del cuello de los blancos candidatos que, usualmente, no se mezclan con nadie que no sea de su entorno. Me recuerdan aquel empresario con el que una vez compartí un almuerzo de negocios, y a pregunta mía sobre su incursión en las elecciones, se reía y quejaba, a la vez, porque lo peor que le había acontecido era cargar y besar a cantidades de chiquillos hediondos, sucios y babosos durante sus campañas políticas, a la sombra de las chimeneas interioranas.

Y no ahorro a esos políticos diputados salidos de la entraña popular, que se han alquilado al mejor postor. Que tienen el descaro de pretender reelegirse para seguir medrando a la sombra del erario público, como si nunca se fuese a agotar, a pesar de sus abusos y despilfarros que todos pagamos. Por eso, me mantuve callado, porque la lucha que veo entre facciones no es la mía, no es la de un pueblo que reclama su dignidad, ni la de la juventud que pide espacios para aprender, crecer y contribuir a su propio futuro.

Pero, seamos claros, tampoco veo a los grupos sociales que ayer hacían patria con sus luchas sociales y nacionalistas; no veo a trabajadores proletarios que luchen por verdaderas conquistas propias de su clase; ni a educadores que exijan condiciones para brindar una mejor educación a la gente de a pie, para que compita en igualdad de condiciones con aquellos que, gracias a sus padres, han podido acceder a escuelas y universidades de mayor calidad técnicas. No, solo piden más ingresos, sin que importe que pongan en peligro sus propios puestos de trabajo, o que el costo de la vivienda se dispare más y afecte a la clase media.

Los maestros, otrora ejemplos y figuras admiradas, hoy se divorcian de las aspiraciones de su propia clase, y crean grupos de poder que defienden sus intereses de nueva élite. Tampoco veo a esos empresarios honestos y trabajadores, que soportan la carga de impuestos mal administrados, que luchaban por crear riqueza nacional y compartirla con sus trabajadores.

Por eso, aunque me duela el alma, tendré que ir a votar el próximo 4 de mayo, sabiendo que los problemas fundamentales de mi país no se resolverán. No importa quién gane las elecciones.

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