LA FUERZA DEL VOTO

Un puñal de papel: Berna Calvit

¿Votación o abstención? Las elecciones para Presidente, diputados, alcaldes y representantes de corregimiento están cerca, pero hay quienes aún no comprenden lo importante que es su voto; piensan que votar es lo mismo que botar y no me refiero a la letra que hace la diferencia. Confieso que me irrita oír decir que votar es una pérdida de tiempo, que el gobierno tiene la aplanadora, que si la compra de votos, que si el fraude, etc. Considero que el abstencionismo es pernicioso para el endeble sistema democrático que nos rige.

No ir a las urnas es negarnos la posibilidad de un mejor país; es abandonar el cuadrilátero sin haberle lanzado un golpe al contendor; es perder por abandono, por forfeit; desperdiciar la única manera que tenemos para intentar deshacernos de los indeseables en el poder y de cerrarles el paso a los que lo desean sin merecerlo. Porque confío en los magistrados del Tribunal Electoral, sé que contarían el voto que puede inclinar la balanza. En mayo 2014 no desaprovechemos el derecho a escoger; no nos dejemos seducir por los “cantos de sirenas” de los políticos (la mitología griega cuenta que Ulises ordenó a los remeros taparse con cera los oídos y se hizo atar al mástil del navío; fue el único que las oyó cantar sin sucumbir a su hechizante canto).

Con pensamiento claro deberíamos calibrar la calidad de los candidatos para tratar de escoger a los mejores. No hay candidato perfecto; no nos hagamos ilusiones, todos cojean de alguna pata, pero haga el esfuerzo de escoger a los menos cojos. Considero absurdos, para decidir el voto, argumentos tales como “soy arnulfista porque mi familia siempre lo ha sido”; o “soy PRD porque el general Torrijos era amigo de mi papá”; o “soy CD porque mi abuelo está en los 120 para los 70”. Llegar a las urnas con esa clase de criterios es suicidio político. No sea tan conforme, rebélese contra esas ataduras; sea exigente consigo mismo, no acepte lo mediocre porque aceptarlo significa que también lo es usted. Nuestra desconfianza y apatía resultan de los muchos años “cuenteados” por las promesas vanas de los políticos. ¡Pero no más! Llevamos cinco períodos presidenciales y 24 años desde el infame 20 de diciembre de 1989 y no hemos sido capaces de meter en cintura a los malos políticos y lo que es peor, el descalabro se ha ido acentuando; el respeto a las instituciones está ausente. Así que escarbe entre los ramilletes de promesas, lea, decida qué considera factible y qué es bla, bla. Debería servir de ejemplo aquella frase famosa de Winston Churchill en un discurso al pueblo inglés durante la II Guerra Mundial: “No tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”; Churchill no prometió darle una paliza al enemigo ni “días de leche y miel” a su pueblo. No lo engañó con promesas falsas, y su pueblo lo entendió y lo apoyó. Votar en blanco o anular el voto no es lo mismo que abstenerse de votar. El voto en blanco es la protesta del que acepta el sistema pero rechaza la oferta electoral. El voto anulado a propósito (voto por nadie) o por error no tiene efecto. En ambos casos significa que se dejó el sillón de las quejas en casa y se protestó en la urna, ¡magnífico! En cambio, el abstencionismo es la opción de los que les importa un rábano lo que los gobernantes hacen con su país; de los náufragos de la esperanza; o de los que faltos de formación cívica ignoran la importancia del voto.

Hasta ahora el panameño ha mostrado entusiasmo por votar, a lo mejor porque el proceso tiene mucho de carnavalesco. Si está harto de ser peón en el ajedrez político; si rechaza la corrupción; si “anda arañando” para comprar comida, pagar hipoteca o alquiler, escuela, combustible, etc., ¡no se quede en casa lamentándose! Vote, sáquese el clavo votando a gusto o como último recurso, “por el menos malo”. Si quiere que se le escuche, castigue con el voto a los malandros que nos dan una parte y se quedan con nueve para ellos; eche para atrás el casete y saque la cuenta de lo prometido y no cumplido. ¿Tiene su barrio más basura ahora que antes? ¿Llega hoy más rápido al trabajo o tarda más? ¿Lo atemoriza hoy más que antes la criminalidad? Es vital que se fije en la clase de diputado que hoy lo representa en la Asamblea; analice si le satisface una aplanadora oficial incondicional del Ejecutivo. Si su diputado regala jamones a cambio de su voto, eso es asunto suyo; y aunque lo del jamón tenga tan mal olor vote por el “jamonero” si le parece. Si se siente defraudado y quiere en la asamblea diputados honestos y capacitados para entender lo que leen, ¡bote el 90% de los que hay ahora! Vote para botar, para echar al basurero.

Nuestro sistema “democrático” no sanciona el incumplimiento de lo prometido en campaña. La única posibilidad de sancionar a los que nos engañaron está en las urnas. Dijo David Lloyd George, destacado político británico: “Las elecciones, a veces, son la venganza del ciudadano. La papeleta es un puñal de papel”.

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