MONEDAS DE DÓLAR

¡No quiero un Martinelli!: Carlos E. González de la Lastra

Estaba en la fila de un banco esperando mi turno para cambiar un cheque cuando escuché una discusión entre una señora y la cajera. La señora con cara destemplada y con un tono de voz fuerte le decía a la cajera “no me dé Martinellis, yo quiero dólares”. Puse atención y escuché a la cajera decirle a la señora, “es que el Banco Nacional nos obliga a aceptar estas monedas y ya no nos entrega billetes de a dólar”. La señora le contestó: “a mí no me importa, ese es su problema, a mí me da dólares, como dice el cheque que le estoy dando”. La señora recibió sus dólares y yo me salí de la fila y la seguí hasta la salida del banco y le dije, por favor, deténgase, y me presenté, ella hizo lo mismo y me dijo que se llamaba Lenis.

Entonces le dije, señora Lenis, he escuchado su discusión con la cajera y si no tiene inconveniente, ¿me puede explicar su reacción? Se me quedó mirando y vi ensancharse sus fosas nasales, respirar profundo y con una voz gruesa, que me recordaba a mis profesores del Instituto Nacional, me dijo: “Esa moneda no vale nada, bueno posiblemente 10 centavos de dólar y nos la quieren meter por un dólar”. Frunció la ceja y, como quien dice un secreto, pasó a explicarme que había estudiado el presupuesto y en ningún lado aparecía dónde iba registrada la ganancia de ese dinero. Luego de escucharla le pregunté por qué llamaba a la moneda Martinelli y me contestó, enfáticamente, “porque él hizo la ley fiscal en la que nos metió la mano al bolsillo y le ha sacado a los panameños un billón de impuestos y en esa ley nos metió el cují de que el Estado puede hacer circular monedas de uno, dos y cinco dólares. Por el ser el autor de semejante despropósito yo les llamo a esos pedazos de plomo Martinellis”. En ese momento se quedó pensando y me dijo “¿usted, realmente quiere que le dé una explicación de mi disgusto?”. Le contesté que sí y, entonces, me dijo: “Panamá no tiene banco central, por lo tanto, ese dinero es basura”. Se empezó a alterar y me preguntó, “¿usted sabe qué hace un banco central? Pues mantiene y regula la reserva monetaria del país y es el único autorizado para emitir moneda y regula la circulación monetaria. En Panamá, al no tener banco central, lo que circula es el resultado de la venta de bienes y servicios que desarrolla nuestra economía. Meter monedas que no valen nada en nuestra economía es un desastre”. Su vista se desvió hacia unos comercios que están cerca del banco y me dijo: “Mire señor, una moneda fuerte que es la que usamos en Panamá es comercializada globalmente y da confiabilidad y estabilidad. Hoy nos meten una moneda, como si valiera un dólar, pero mañana vendrá la de dos dólares y después las de cinco dólares y así seguiremos, porque al no haber transparencia estas monedas nos están haciendo más pobres y a alguien más rico”.

Nuevamente me miró y se me acercó, sentía su aliento cerca de la cara, y me dijo: “Nicolás Copérnico, en 1371, dijo que la mala moneda lleva fuera de circulación a la buena moneda y no digamos lo que nos enseñó Thomas Gresham, si tiene una moneda depreciada esa es la que se gastará y guardará la que sí vale. Se da cuenta por qué no acepto los Martinellis”. Entonces, se separó de mí y me dijo en voz alta: “¡A mí me dan mis dólares!”, Dio media vuelta y se fue. Me quedé como petrificado, miré mi cheque, entré al banco y cuando fui a cambiarlo le dije a la cajera, en voz alta, ¡a mí no me dé un Martinelli!

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