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MENOS RETÓRICA Y MÁS RESULTADOS

La receta del país que queremos: Lucas Castrellón Preciado

En medio de tanta polarización política en Panamá, en donde distintos bandos se critican y acusan entre ellos, considero que estamos perdiendo la perspectiva de cuál es el verdadero motivo de esas pugnas.

Describiría lo que está sucediendo ahora mismo comparándolo como el momento en que unos comensales, en una cena, esperan por el pan (para los mal pensados, hablo del pan de alimento, no del programa gubernamental que ha caído en desgracia). Mientras, hay dos panaderos en una cocina que no se ponen de acuerdo en qué tipo de ingredientes utilizar para la elaboración. Uno propone usar harina blanca y el otro, harina integral. Ambos defienden las bondades de sus ingredientes y cómo consideran que estos son mejores para los comensales en términos de sabor y nutrición.

En medio de esta discusión, los comensales tienen hambre y empiezan a protestar por la falta de servicio. Al final, ambos panes se hacen y para cuando se sirven, los comensales tienen tanta hambre que los devoran sin enterarse de cuál sabía mejor y sin preguntar qué ingredientes se utilizaron, porque para ellos en términos nutricionales y de sabor “eran lo mismo”.

Podrá parecer sencillo, pero este ejemplo se parece mucho a lo que sucede en la vida política actual. Nos perdemos en la discusión de qué ingrediente es mejor, sin entender realmente que hay gente con hambre afuera. En vez de entender que ambos querían llegar a lo mismo, pero a su manera, los panaderos no tomaron en cuenta a su cliente final.

Me parece increíble que seamos un poco más de tres millones de panameños y que no nos podamos poner de acuerdo con el proyecto del país que queremos. Si tuviéramos esto claro, no perderíamos tiempo discutiendo, porque cualquier tipo de pan saciaría nuestra hambre, que es a fin de cuentas el propósito original.

La responsabilidad del proyecto del país que queremos no es de los gobernantes, sino de todos nosotros, los ciudadanos. Es nuestra responsabilidad educarnos para saber por qué estamos escogiendo el pan que queremos, por qué es bueno para nosotros y exigir calidad a los panaderos.

Lo más importante es que hagamos sentir nuestras voces, si el pan que estamos recibiendo no cumple con nuestros estándares, porque así como los panaderos dependen de los comensales, los ciudadanos exigimos que las acciones, antes que las peleas, se conviertan en nuestro pan de cada día.

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