ESTABLECER METAS

La recta cortada: José M. Aparicio M.

Es un gran orgullo decir que el mejor cerrador de todos los tiempos en las Grandes Ligas es un panameño (no en vano le dicen “Apaga y vámonos”). El hecho es sobresaliente, sin lugar a dudas, más aun si se consideran las probabilidades que tenía Mariano Rivera para lograrlo al nacer en Puerto Caimito.

Recientemente, leí que para un bateador es muy complicado descifrar los 3 o 4 estilos de la recta cortada de Rivera porque sus rápidos movimientos corporales varían muy poco entre un estilo y otro. En otras palabras, es sumamente consistente en su velocidad de movimientos y esto ha sido la clave para el éxito en su carrera profesional. Algunos podríamos coincidir en que su talento es un maravilloso regalo de Dios, pero pudo haber pasado inadvertido para todos sin su esfuerzo y dedicación.

En un artículo publicado por Harvard Business Review llamado “Nine things successful people do differently”, se menciona que la gente exitosa se plantea metas específicas y se enfoca en “ser mejor, más que en ser bueno”. Por ejemplo, plantearse bajar de peso no es lo mismo que plantearse eliminar cinco libras, porque lo segundo nos da una idea clara y definida del significado del éxito. Por otro lado, muchas personas tienen la extraña idea de que establecerse metas es solamente para probar sus capacidades actuales (“ser bueno”) cuando el enfoque de sus metas podría ser para desarrollar y adquirir nuevas destrezas (“ser mejor”).

El béisbol es un deporte lleno de estadísticas y fácilmente uno puede imaginar a Rivera estableciéndose metas con base en ellas y dándoles seguimiento. Por otro lado, tampoco es difícil visualizar a este gran lanzador utilizando su talento y las herramientas a su alcance para desarrollar la técnica y consistencia para ser cada vez mejor. La prueba es que él juega su última temporada y, a pesar de que ya no lanza a la misma velocidad, sigue aumentando su récord de partidos salvados.

Ahora, intentemos aplicar las lecciones de la recta cortada a nosotros. Pensemos en todas las actividades que realizamos diariamente y que consideramos importantes para el desempeño personal y profesional. Si se enumeran, es probable que al inicio la lista sea larga, así que tratemos de simplificarla valorando las actividades y la pasión que sentimos por realizarlas. Si hacemos este último ejercicio bien, es muy probable que la lista se reduzca sustancialmente. En algunos casos podríamos tener una seria disyuntiva al hacer el filtro (¡podríamos darnos cuenta de que realizamos actividades por las que no sentimos pasión o, peor aún, que no añaden valor en lo personal, familiar o social!).

Imaginemos, entonces, que hemos sido exitosos en este ejercicio y que pudimos seleccionar dos o tres actividades como máximo. Ahora definamos una meta y lo que significaría alcanzar el éxito al lograrla. Pensemos en las destrezas que utilizamos y cuáles deberíamos desarrollar para ser mejor. Es en este momento que podemos recordar la lección de Rivera: hay diferentes tipos de lanzamientos, sin embargo, él se enfocó en los estilos asociados a uno de ellos, y en ser mejor cada vez desarrollando sus destrezas para lograr la mejor recta cortada de todos los tiempos. Si aplicáramos esta lección, el efecto multiplicador sería extraordinario y el talento que hay en nuestro país podría tomar formas hasta ahora desconocidas.

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