Hacia una renovada Iglesia católica

Como ya he escrito, soy producto de la unión entre un padre judío y una madre católica. Aunque siento orgullo por la brava sangre judía que corre por mis venas, practico la religión católica por escogencia propia, cosa que hice para devolverle a mi madre su religión.

Por esa razón tengo especial interés en los libros de Carroll, quien desde su convicción religiosa católica critica con crudeza el anti-semitismo histórico de nuestra Iglesia y ahora hace igual cosa con el escándalo de la pedofilia y la exclusión de la mujer, que han afectado tanto a la Iglesia en tiempos modernos.

Carroll inicia su libro con una cita del teólogo católico suizo Han Kung, quien dijo: “Sin paz entre las religiones no habrá paz en el mundo. No habrá paz entre las religiones sin diálogo entre las mismas. No habrá diálogo entre las religiones sin investigación de las fundaciones de las religiones”. La raza humana depende de nuestra disposición de pensar en forma crítica sobre nuestras creencias. Hay que evitar el cul-de-sac del fundamentalismo en todas las religiones.

Hay que romper el culto del silencio ( Magnum Silencium). Un ejemplo vergonzoso: una víctima de pedofilia, Tom Blanchette, se encuentra con el cardenal Law, de Boston, en el funeral del sacerdote Joseph Birmingham. Le describe al Cardenal cómo había sido víctima a manos del cura Birmingham durante su niñez. El Cardenal le pone las manos sobre la cabeza por varios minutos y entonces le dice: “te comprometo por el poder de la confesión a nunca hablar de esto con nadie”. Así, el Cardenal ocasiona un doble abuso: por una parte el acoso y abuso físico sufrido por el entonces niño, y por otra, el silencio impuesto por los poderes del sacerdocio del Cardenal ...todo en el nombre de Dios.

Por otra parte, la mayoría de los católicos –entre ellos, los mismos curas– no cree que el control de la natalidad para lograr la paternidad y maternidad responsables es malo o inmoral; sin embargo, la regla supuestamente se mantiene. El rechazo –por parte de mi Iglesia– al uso de condones incluso para prevenir los peligros de la mortal infección HIV, es criminal. La hipocresía de la postura anti-divorcio de mi Iglesia es obvia al permitir la “anulación”.

Todo esto y algunas cosas más afectan la credibilidad de mi Iglesia...y requieren de reforma. Hay un dicho popular y cierto: “Mantén tu fe, cambia la Iglesia”. El mundo necesita una renovada Iglesia católica. El rabino judío Abraham Joshua Heschel escribió una gran verdad: “la fe es mayor que el dogma. Dios es mayor que la religión”.

Hasta ahora, de todo lo malo en el mundo católico se culpa a los hijos de la Iglesia, nunca a la Iglesia misma.

Hay que comenzar por aceptar los errores de la Iglesia y que sus hijos tengan participación en renovarla. No hay posible cambio del pasado equívoco sin compromiso para el futuro.

Pedir excusas por el anti-semitismo, abuso de niños y por la denigración de la mujer no basta, si no hay un repudio a las teologías que dieron lugar a estos pecados de la Iglesia.

Sin reforma, el arrepentimiento y recobro de la credibilidad perdida son un imposible.

Renovar una institución de 2 mil años no es cuestión de días, meses o años, pero no se logra nada si antes no se comienza.

Finalmente, tenemos que reconocernos nosotros mismos en aquellos de nuestra Iglesia que han fallado. Esa Iglesia que tantísimas veces ha puesto el poder por sobre el servicio, es nuestra Iglesia. No podemos acusarla de pecados sin acusarnos nosotros mismos. No podemos criticar la falta de reforma si no somos nosotros reformadores... porque Iglesia somos todos los que pretendemos imitar la vida del Clavado en la Cruz de Palo.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

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