CUENTAS CLARAS

De renuncia y algunas cosas: Jorge Luis Macías Fonseca

La renuncia del alcalde del distrito capital se produce en el marco de una serie de apuntamientos, cuyos fundamentos están en la apreciación de algunos sectores que caracterizan al primer magistrado de la nación como dictador. Así la acción del burgomaestre capitalino parece haberse adelantado a una decisión que debiera emanar de los más altos estrados de justicia y que pudiera no favorecerle. Las tesis esgrimidas por los sectores opositores van en la dirección de sustentar la renuncia, por la aparente presión del Ejecutivo, lo que da pie a pensar en lo poderoso del sistema presidencialista, pero también en las “potentes razones” para la renuncia del alcalde que no resistió la “presión”.

Si eso es así, puede quedar invalidada la justificación médica presentada por el exalcalde capitalino, poniendo en entredicho su credibilidad y, por ello, afeándole el discurso a la oposición política. No es el caso dudar de los problemas de salud del funcionario alcalde. La población ajena a estos avatares políticos observa el mismo guión que se presenta en todos los casos. Un ejemplo lo tenemos en Arístides Royo, quien con el conocido “gargantazo”, abandonó la Presidencia de la República. En otros casos, los “cuellos ortopédicos”, los “problemas prostáticos” y cualquier mal que se imagine, fueron buena razón para alegar el alejamiento del poder.

El asunto estriba en abordar con sinceridad el asunto y no rodearlo, porque eso es lo que produce la pérdida de confianza de quienes dirigen el país y de los que actúan políticamente. Jugar con la inteligencia popular es un crimen.

No se concibe que quien luchó denodadamente por ser postulado para alcalde y recibió todo el respaldo de los aspirantes –en su momento– a la Presidencia y Vicepresidencia de la República, respectivamente, deje la Alcaldía sin grandes esfuerzos.

Es claro que la administración alcaldicia fue accidentada y experimentó momentos en crisis, sin mayor sustento por parte del Presidente (quien lo mandó a recoger la basura) y del mismo vicepresidente, quien tomó distancia. Fue, además, una administración duramente criticada por los medios de comunicación, por la propia comunidad y, según los entendidos, sin grandes resultados que pudieran observarse.

Justamente, por eso hubo quienes consideraron que la renuncia era lo pertinente. Hoy, con espanto –y allí la pérdida de la estima política– observamos que quienes atacaron al exalcalde capitalino salen en su defensa, se rasgan los vestidos y apuestan a una democracia a su medida. Los medios de comunicación, el opositor y descalificado PRD, la llamada “sociedad civil” y tantos muchos que se opusieron a la gestión del alcalde de la capital, que mantuvieron serias posiciones de crítica y hasta de mofa solo por el prurito de hacer oposición, aparecen ahora, como defensores de la llamada institucionalidad que solo ellos entienden para su conveniencia.

Si es cierto que hay que exigirle al señor Presidente las explicaciones respecto a las pretendidas presiones para la renuncia del alcalde, también hay que hacerlo con el alcalde, quien tiene una tremenda responsabilidad con sus electores, pues si más allá de las razones médicas hay otras, la comunidad debe conocerlas.

Que quede claro que la democracia no es solo un concepto, es una realidad. Su construcción y permanencia no se da solamente con el discurso, sino con la honestidad, seriedad y compromiso con la verdad.

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