‘EL PAÍS ANDA DE CABEZA’

¿Por quién repican las campanas?: Victoriano Rodríguez Santos

Nada que ocultar. Entre alegrías por el Carnaval, la sequía autoprovocada por la deforestación desmedida en Azuero, las hidroeléctricas en Chiriquí y la inminente “trata” de concesiones o división de materia para adjudicación, contratación directa o no, pronto dejaremos de ser el país “liberado de ser colonia americana” para convertirnos en el que descaradamente promueve el nepotismo, corrupción y la tolerancia a la injusticia.

Una población temerosa y sumisa producto del clientelismo político por una parte y, por la otra, el deterioro social convirtiéndose en un sistema deformado, tolerante, enclaustrado y conformista hasta convertirse en el mártir que en el ruedo le ponen las banderillas.

Se escucha de una posible alianza PRD/Panameñista, de cara a las próximas elecciones, como si hoy se manejaran por separado. Solo se engañan los incautos. Quienes nos hemos quitado la venda o anteojera, sabemos que “es más de lo mismo” y como decían nuestros ancestros, “la misma jeringa con distinto pitongo”.

¿Acaso son diferentes los espectáculos, acusaciones y recusaciones que se montan entre magistrados o diputados impolutos, inmunes e impunes, quizás con el insano propósito de distraer a la población sobre sus demandas contra la corrupción y el seguimiento al trámite de repatriación de quienes son considerados prófugos de la justicia panameña?

El país anda de cabeza producto de la justicia selectiva, por esas presuntas denuncias de miembros de los principales órganos del Estado, al parecer, como estrategia para cubrir la estampida de quienes dolosamente, con premeditación, alevosía, ventaja y la jerarquía o influencia necesaria, saquearon al fisco.

Nada debería extrañarnos si algunas personas se hubieran confabulado, estratégicamente, para entorpecer y retardar al máximo las investigaciones y posible juicio a delincuentes de cuello blanco del gobierno anterior. Más de lo mismo.

“En río revuelto ganancia de pescadores” y mientras marean a la población, poseída por los carnavales del desastre, la rapiña con los recursos del Estado pareciera crecer en espiral. El uso de autos oficiales con placa particular o alquilados en Carnaval es solo un simple ejemplo.

La justicia baila al son de la murga y cambia el paso a la medida del cantalante de turno. Recordemos que en el gobierno oscuro de Martinelli se hicieron siete modificaciones a la Ley 22 de 2006, de Contrataciones Públicas, criticada hasta la saciedad porque, presuntamente, fueron hechas a la medida de lo que le interesaba al entonces mandatario. A escasos dos años del actual gobierno, se desconoce intento alguno de enmendar las imperfecciones y se mantienen en uso, al igual que la Ley del Programa de Ayuda Nacional, ahora con un nombre diferente para desvirtuar las investigaciones y el uso inadecuado.

“Por quién repican las campanas”, Pablo Pueblo, pregunta Mamá Juana, sin conocer que las carcome el cáncer de la deshonestidad, división de materia, sobreprecios, adjudicaciones sospechosas y la corrupción. Dios te salve, Panamá.

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