MÁS QUE CUOTAS DE PODER

Los cambios que requiere el PRD: Jorge Rivera Staff

En este año 2016, el Partido Revolucionario Democrático (PRD) debe renovar su dirigencia, proceso que reviste más que un mero cambio de figuras, dejando atrás la forma retrógrada, improvisada y clientelista de hacer política, si es que realmente queremos rescatar el proyecto torrijista ante la faz del país.

Lastimosamente, tanto en el gobierno anterior como en el actual, la dirigencia del PRD no ha ejercido ese rol de líder de la oposición que le corresponde y, en su lugar, ha navegado en aguas turbias en las que la satisfacción de las cuotas de poder para sus cabecillas ha sido la práctica constante.

Hoy, más que nunca, necesitamos instituciones sólidas y un proyecto colectivo con liderazgos constructivos. Basta ya de “hombres fuertes” y de “caudillos”, porque estos solo representan más de ese pasado que tanto lastre nos echa a cuestas.

Es imposible que, ante la magnitud de los retos, pensemos que una sola persona, candidato u otra figura mesiánica, pueda ser la solución a la actual crisis. En pleno siglo XXI, es desde las bases, con colaboración y comunicación de abajo hacia arriba, que se construye un partido y ciudadanía activa.

Es con transparencia y rendición de cuentas, organización de equipos, trabajo comunitario, análisis y propuestas de los problemas nacionales; con formación política, debate ideológico, consulta y deliberación práctica –todas actividades del carácter permanente de un partido político– que se superará la condición de maquinaria electorera en la que, tristemente, han convertido al que debería ser un instrumento sociopolítico para el desarrollo nacional.

En este 2016, hay que fortalecer la institucionalidad interna, eligiendo a dirigentes sin agenda electoral en la mayoría de las instancias de dirección –principalmente en el Comité Ejecutivo Nacional–, quienes a la vez que desarrollan un proyecto de país de largo plazo, más allá de las elecciones, en paralelo jueguen su rol de oposición constructiva al actual gobierno y garanticen la neutralidad de la dirigencia en las primarias que se celebrarán en 2018, para presentarle al país los mejores candidatos y propuestas de cara a las elecciones generales de 2019.

La pobreza, la exclusión y la desigualdad social; la falta de una educación de calidad; el eterno problema del servicio de salud poco digno; la violencia, el alto costo de la canasta básica de alimentos y el transporte público deficiente son el día a día de millones de panameños que sufren por la incapacidad y la ausencia de liderazgo ético de nuestros dirigentes políticos, sean del partido que sean.

Esta realidad sociopolítica del siglo XXI exige una auténtica revolución innovadora dentro del PRD para convertirnos en una oposición que defienda un proyecto de país; que escuche a la ciudadanía y a las comunidades, y que nos permita demostrar, con hechos concretos (no solo con discursos y marketing), que es una organización que, de llegar al poder, contribuirá con el desarrollo y el bienestar de la sociedad.

Si en el Partido Revolucionario Democrático aspiramos a tener una mínima opción de triunfo electoral, entonces debemos empezar por dar el ejemplo en casa, y abandonar ese lamentable rol de “partido bisagra” que juega actualmente.

En vez de esto, el PRD debe transformarse nuevamente en la palanca torrijista para el desarrollo de nuestro pueblo y el de las futuras generaciones.

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