SOCIEDAD

Se requiere una revolución cultural ética: Abdiel Rodríguez Reyes

Sin duda, hay un gran detrimento moral en nuestros tiempos. Un concepto que es acuñado para designar los signos de malestar es la hipermodernidad, desarrollado por el filósofo y escritor francés Gilles Lipovetsky. Bajo esa égida, el autor habla de la era del vacío, del individualismo, de lo efímero, de la moda y otras cuestiones que afectan el ethos: la personalidad del género humano, por lo que es necesario hacer cambios para enrumbar la historia.

Lo primero que hay que hacer es invertir los valores cuantificables de la sociedad hipermoderna y sustituirlos por valores cualitativos. Hay que tener presente que esto es, como diría Fernand Braudel, un proceso de larga duración, y creo que es oportuno acuñar el eslogan de este año del Día Mundial de la Filosofía, “futuras generaciones”. ¿Por qué futuras generaciones?, porque solo ellos verán un mejor mañana, si las generaciones de hoy empiezan a trabajar ahora.

Si empezamos a trabajar en pro de una cultura ética, ninguno de los que estamos aquí verá los resultados, serán esas futuras generaciones las que interactuarán en una sociedad en la que los valores cualitativos estén a su alcance, de la misma manera que hoy contamos con cosas cuantificables como un jeans o una serie de televisión norteamericana.

¿Por qué es un proceso de larga duración?, porque actualmente las personas están mentalizadas a ser consumidores de objetos en serie, a los músicos prefabricados y a todo aquello desprovisto de creación estética.

En esta sociedad, en la que impera lo material, sin valor estético, es muy difícil que la cultura o la ética ocupen un sitial preferencial, porque se perciben como algo abstracto. La ética se ha convertido en la panacea de este siglo y se aleja cada vez más de llegar a la praxis, porque vivimos en la sociedad del simulacro.

Cambiar esta realidad, requiere de un trabajo pedagógico y didáctico de muchos años. Debe ser un proyecto nacional, financiado por el Estado y aplicado por instituciones bien organizadas. Para eso, el gobernante de turno debe tener la visión de un estadista, por lo que tocará educar al próximo presidente.

Cuando se equipare la educación cultural al mismo nivel que los demás conocimientos, entonces, se debe permitir que sea el estudiante el que elija su destino, sin limitaciones materiales y sin que esté condicionado por cuestiones externas.

Vivimos en una sociedad que castra el talento y las artes, por eso, debemos empezar a caminar bajo la sombra de una revolución ética y crear las condiciones necesarias para que la sociedad tenga la capacidad de acoger a esos individuos libres de escoger su destino y profesión.

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