JUVENTUD CON PODER DE DECISIÓN

La revolución intelectual: Christopher Caballero

Como panameño, percibo que una de las cosas más llamativas en los últimos tiempos es el desinterés de los jóvenes en temas que de, una u otra forma, afectan su vida, relevantemente, como la actualidad política, las leyes y decretos, la política monetaria; es decir, sobre el rumbo que está tomando el país. Cada día es más y más común leer que se hace referencia a los jóvenes como “los llamados a hacer el cambio en nuestro futuro”; de ellos se espera una incursión determinante en la sociedad y que logren un cambio de mentalidad en el sistema, entre muchas otras cosas, pero ¿Cómo catalogar de esta manera a una generación que ha optado por desinteresarse de esos temas?

Debido a la mala impresión que han dejado los gobiernos que hemos tenido en Panamá, por su mal manejo del Estado o la incesante corrupción, se ha marcado una tendencia cada vez más común: los jóvenes han adoptado como propia la popular frase “para qué hacerlo, si el Gobierno siempre hará lo que le dé la gana” o “no hay nada que pueda hacer, es por gusto”. Lo que no termino de entender es que la mayoría no comprenda el gran poder de cambio que tiene en sus manos o el impacto que su aporte puede tener en la sociedad. Hay mucho que hacer, toneladas de errores que corregir, muchos ejemplos que tomar y pensamientos que redirigir. ¿Cómo podemos decir que no hay nada que hacer? Nuestra batalla por hacer escuchar nuestros ideales apenas empieza.

Muchos jóvenes tienen su mente ocupada por tales pensamientos de apatía, sin tener la más mínima idea del daño que se hacen, a ellos y a la sociedad, cuando no les interesa participar en el rumbo que está tomando su futuro. Medidas dañinas para la economía, políticas de Estado ignorantes, limitaciones a la libertad, gastos públicos desmedidos, entre otros, nos afectan a todos y cada uno de los ciudadanos de este país, es por esto que debería ser de interés colectivo.

Los jóvenes envueltos en sus partidos políticos han sido embaucados, de manera que rinden tributo a sus líderes sin siquiera saber hacia dónde se dirigen, atraídos por la oferta del político que más objetos regale o que tenga el mejor jingle de reggaetón, mas no por sus ideales. Esto mismo se nota en las manifestaciones de colegios nacionales en las que la mayoría, simplemente, no está ahí por sus ideales sino por mera diversión.

El filósofo y escritor norteamericano Allan David Bloom atribuye este problema a la falta de ideales en los centros educativos. En las últimas décadas, las universidades y centros de educación superior han impartido clases, pero solo trasladando la información de un papel al cerebro de los estudiantes, sin un rumbo determinado, sin mostrar un horizonte de referencia, sin norte alguno. Es necesario que en las universidades se transmita una referencia, un ideal de hacia dónde nos estamos dirigiendo. ¿O es que nosotros nos montamos a nuestros carros sin saber hacia dónde nos dirigimos? Al igual que en nuestra vida, nuestro pensamiento debe estar basado en un ideal o un rumbo a seguir.

El surgimiento de las redes sociales es de gran importancia, al igual que su increíble crecimiento en los últimos años. En una época en que los medios se han visto manchados por el manejo a conveniencia de la información, en que hemos visto bloqueos mediáticos y todo tipo de movidas estratégicas para lograr este fin, las redes sociales han pasado a ser la principal fuente de información de los jóvenes, ya sea por medio de Twitter, Facebook y un sinfín de otros servicios. Es gracias a estos medios que los jóvenes se están formando una idea de su rumbo.

En en este momento histórico, en que las corrientes de pensamiento empiezan a cambiar influenciadas mayormente por el marco económico y social que se percibe de otros países, cuando podemos entender y asimilar nuestro papel en la sociedad.

Es necesario que esta generación empiece a darle forma a sus propios juicios, a educarse, a leer desde Marx, Mises, Keynes hasta Hayek; a forjar sus propios ideales y de, a poco, empezar una nueva “revolución intelectual” que cambie el país desde nuestras aulas, desde las conversaciones con los compañeros, desde los debates en las universidades. En ese punto entenderemos que tenemos el poder de cambiar el rumbo que toma nuestro país.

Esta revolución empieza con una simple conversación, con una lectura de nuestra larga historia de ideas. La verdadera revolución empieza dentro de nuestras mentes, con disposición, convicción y perseverancia.

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