CHARLATANES Y MALOS EJEMPLOS

´La ronca de oro´: J. Enrique Cáceres-Arrieta

Por casualidad, sintonicé una noche el primer capítulo de un culebrón que empezó a presentar Televisora Nacional, Canal 2. La trama gira alrededor de la vida de una talentosa caleña que ama cantar rancheras. Siendo niño, en Barranquilla, cantaba yo rancheras. El cerebro humano es tan prodigioso que no es raro recordar la letra de canciones después de 50 años o más. Basta retrotraerlas del inconsciente para recordarlas completas. En Colombia, cantar rancheras es casi tan natural como interpretar vallenatos. Es normal que alguien tenga inclinación por un tipo de música y que, además, la cante o interprete en un instrumento musical.

Hasta ahí ningún problema. La objeción está en que el papá de la mejor amiga de la “ronca de oro”, Helena Vargas, se enamora perdidamente y hace lo que esté a su alcance, usando su condición de abogado, para “legalizar” una relación sentimental y marital con ella. Este señor falsifica documentos, miente, trampea y coacciona a las monjas superiores del internado donde está recluida la “ronca de oro”, a fin de estar cerca de ella cada fin de semana.

Todo transcurre en los años 50, luego del asesinato del liberal y candidato a la Presidencia colombiana Jorge Eliécer Gaitán, en 1948. En esos tiempos, en Colombia, como otros países americanos, incluido Panamá, cuyo derecho es legado del derecho romano, la mayoría de edad se alcanzaba a los 21 años. De modo que el deshonesto abogado no podía dar tinte legal a su unión con Helenita Vargas, que tenía 17. Tales argumentos son tomados de la vida real de la cantante de rancheras Sofía Helena Vargas Marulanda, fallecida en 2011.

A mi juicio, el abogado del culebrón colombiano comete estupro. ¿Qué es estupro? Aunque enrevesada su definición, el artículo 176 de nuestro Código Penal lo describe, aun cuando no lo menciona como “estupro”: “Quien, valiéndose de una condición de ventaja, logre acceso sexual con persona mayor de 14 años y menor de 18, aunque medie consentimiento, será sancionado con prisión de dos a cuatro años”. Más adelante añade: “No se aplicarán las sanciones señaladas en este artículo cuando entre la víctima y el agente exista una relación de pareja permanente comprobada y siempre que la diferencia de edad no supere los cinco años”.

Según la última parte, entiendo, el estupro no es delito si “entre la víctima y el agente existe una relación de pareja permanente comprobada y siempre que la diferencia de edad no supere los cinco años”. No todo lo legal es justo, moral y ético. Y no todo lo justo, moral y ético es legal. El jurista de la telenovela dobla la edad de Helenita Vargas. Como se mire, su accionar es delictivo. Y si no, inmoral. ¿A qué viene la telenovela y el rollo del letrado deshonesto y pederasta? A que en “Sexo, adolescentes, violadores”, manifesté que hay adultos que se meten sexualmente con niños y adolescentes. Y uno de los modos de alborotar las hormonas sexuales de niños, adolescentes y pervertidos sexuales es, precisamente, la presentación de semejantes telenovelas. Risible y fatuo es que luego esos canales salen con reportajes como “¿Qué estamos haciendo ante el incremento de adolescentes embarazadas?”. ¡Cuán preocupados están! ¡Pamplinas! Ustedes las televisoras están causando muchísimo mal con telenovelas que refuerzan antivalores e inmoralidad. Hacen apología del delito.

Es tiempo de que los panameños nos organicemos y exijamos a las autoridades a que hagan cumplir las leyes en cuanto al papel de los medios de comunicación social. No pocas veces he leído artículos de opinión sobre los charlatanes que venden ilusiones por medio de horóscopos, hierbas, baños, “milagros”, lectura de cartas, café, chocolate, la mano... Mas no recuerdo ni un solo artículo que censure los culebrones y enlatados estadounidenses que diariamente presentan las televisoras. Tampoco se pronuncian contra los programas nacionales en los que la mujer es solo vagina, nalgas, senos.

Asimismo, recalqué en mi escrito que, salvo el prójimo invidente, somos visuales. Lo que entra por los ojos suele controlarnos. Muchos han perdido la capacidad de abstracción intelectual y pensamiento crítico. De ahí el daño al que está expuesta la gente menuda frente al televisor sin censura y autocensura. Sin padres responsables. Podemos apagar el televisor o no comprar ninguno. Eso, empero, es meter la cabeza en tierra ante el perjuicio que provoca la televisión a niños y jóvenes (igual a aquellos que se vanaglorian de tener “criterio formado”).

El rol de los medios de comunicación social debe ser informar, educar, recrear y difundir cultura, ciencia. ¿Cuántos programas culturales presentan nuestros medios, sobre todo, la televisión? ¡Pueden ser contados con los dedos! ¿Informan los medios? ¡Sí! Esa información, no obstante, está mezclada demasiadas veces con sensacionalismo y morbo. ¡Da vergüenza cómo hablan casi todos los reporteros! Toca mandarles a cursos de español. Los redactores de las noticias e informaciones que leen los presentadores de noticieros televisivos y radiales precisan cursos de redacción. ¿Cuántos programas realmente científicos (no todo lo llamado científico lo es) ofrecen nuestras televisoras? No recuerdo uno. @earrieta

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