RENOVACIÓN DEL PRD

La ruta de los inocentes: Moisés Pinzón

Ante la situación creada en el partido más numeroso del país, el que en distintos períodos, aun no siendo gobierno, ha mantenido su membresía, indicando una sólida aceptación de sus postulados en la sociedad panameña, es deber de los torrijistas por las transformaciones que la población exige y por una justa distribución de la riqueza entre todos los panameños, comprometernos con las reformas que son necesarias para salvar este baluarte del desarrollo de la sociedad panameña.

La democracia que nos enseñara Omar Torrijos quedó plasmada en los estatutos del Partido Revolucionario Democrático (PRD) cuando fue fundado el 3 de octubre de 1979. Por razones de su desaparición física, esta organización fue relegada por muchos años a un segundo plano. Luego de la invasión, el PRD logra enseñarle al pueblo que los partidos políticos no son de un millonario (como antes de 1968), creando las condiciones populares para que desde los muy distintos sectores de la sociedad se exijan “primarias” y “democracia interna”, en los demás partidos. Nuestra incidencia incluyó leyes promovidas por el presidente Ernesto Pérez Balladares, consolidadas luego con Martín Torrijos Espino, para que la Ley Electoral obligara a todos los colectivos políticos a caminar por la vía correcta de la participación de sus miembros. Esto fue un triunfo para la sociedad en su conjunto, que transciende a su intrínseco desarrollo cultural. Nunca más un dictadorzuelo podrá cambiar esta realidad, demostrado en el gobierno neofascista de Ricardo Martinelli, que con todo su despliegue de impunidad y autoritarismo, no lo logró.

Ahora bien, el PRD ha sido una palanca eficiente de desarrollo del país, pero a lo interno no ha progresado hacia los nuevos niveles que el desarrollo natural de los acontecimientos exigen. Nos hemos estancado, incluso cambiamos los estatutos para derogar sus grandes virtudes, poco a poco. Los dirigentes que escogimos en los distintos períodos de administración les han dado la espalda a esos maravillosos estatutos, herencia de sangre y fuego.

No conozco una sola Secretaría, en los 18 años que tenemos de vida partidaria, que haya funcionado en las tareas para la que fue escogida. Porque si se elige de forma democrática un presidente de área de organización es para que interponga su liderazgo, para que cada uno de los miembros de sus secretarías actúe en consonancia con sus obligaciones. Ninguno ha dirigido su acción en ese camino de renovación. Todos, de una u otra forma, hemos traicionado el legado de Omar, y ahí está el resultado: el fracaso.

La consulta –otro legado– también se incumplió. Las decisiones trascendentales que los distintos miembros del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) han tomado, desde hace 24 años, son inconsultas.

El PRD ha sido el impulsor decisivo en las políticas y leyes estatales de transparencia, dando así un rudo golpe a la corrupción. Sin embargo, no hemos sido capaces de replicar esa increíble gestión socio-moral a lo interno de nuestra organización. Ejemplo de ello es que los directores y delegados hemos sido ignorantes de cómo se gastan los 11 millones de dólares asignados por el pueblo panameño para que esta, una de sus organizaciones, promueva la decencia.

Nuestros estatutos son una poderosa herramienta de desarrollo social. Es por eso que los enemigos del progreso, a lo interno del partido, han conspirado para que se desconozcan y así liquidar, en la desidia, la naturaleza revolucionaria del PRD.

Necesitamos elegir un CEN que valide y trabaje para que sus miembros restituyan y actualicen los artículos sepultados. Los problemas actuales son tan simples como eso, cumplir con lo acordado, con lo que nuestros antepasados nos legaron.

La hoja de ruta propuesta está diseñada en función de lo que estipulan los estatutos del PRD, en su artículo 23, acápite J, sobre las funciones del Directorio Nacional, de igual forma que la elección de nuevos delegados, de cara al congreso ordinario, aparece en el artículo 17.

Cualquier trasgresión a estas reglas permitiría que un advenedizo impugnara lo realizado, con las consecuencias de mantener la zozobra, profundizando aún más la crisis.

Solo faltan algunos meses para instaurar un nuevo liderazgo, ¿cuál es el propósito de evitarlo? Los que así proceden siguen la dirección incorrecta, deberían prepararse para noviembre, que ya está a la vuelta de la esquina. El momento de actuar era cuando la “ola azul” estaba cavando nuestra tumba, pero en aquel entonces solo miraban por la rendija de la puerta.

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