HASTÍO CIUDADANO

Desde la sala de mi casa: Yessenia González Muñoz

Durante los últimos días he escuchado, cuestionado y discutido, desde la sala de mi casa, los acontecimientos que se suscitan desde la Asamblea Nacional, y me convenzo de que “vamos bien, hacia una dictadura autocrática” (no sé si el término está bien acuñado), en la que un solo hombre, increíble y maquiavélicamente astuto se ha hecho a la idea de que la República de Panamá es su hacienda y negocio personal.

Desde la sala de mi casa recuerdo acontecimientos recientes, como cuando, siendo directora en una entidad del Estado, se me decía que tenía que seguir la línea del Sr. Presidente, aceptando, firmando y aprobando los famosos “imperdonables”, sin derecho a discutir o refutar el hecho de que mi integridad profesional y del ambiente estaban en riesgo. Al no ser una ¡sí señor!, fui despedida (doy gracias por eso) y, con tristeza, vi cómo los remplazantes se dejaban manejar, insultar, comprar y chantajear por este hombre astuto, que no ha cambiado sus costumbres ni sus tácticas, fríamente calculadas, para hacerse cada vez más poderoso con instrumentos de impunidad y corrupción que hace más ricos a los ya ricos y más pobres a los ya pobres. Es un hombre astuto que ha sabido –y lo hemos dejado– secuestrar el Estado y la democracia por la que muchos de nosotros luchamos durante aquella dictadura.

Me imagino que desde la sala de su casa cada uno de los diputados que defendieron el proyecto de la Sala Quinta tienen momentos de reflexión (es mi esperanza), y que se preguntan ellos mismos ¿cómo nos hemos dejado manejar por este hombre astuto? ¿En qué momento nos vendimos y pasamos a ser unas marionetas más? O les pregunto para su reflexión ¿será que el dinero mal ganado y el poder mal usado les garantizará días y noches de paz y miradas de aceptación de sus familiares y vecinos? Me parece que no, y les digo por qué: porque fueron comprados, sometidos y reprogramados para hacer lo que el hombre astuto necesita que hagan por él, para ser el dueño y señor absoluto de la “hacienda Panamá”. El mismo hombre que, al final, hará lo que fuese necesario para no expiar sus culpas, empezando por la coincidente entrada, nuevamente, al Parlamento Centroamericano que le concede una inmunidad para salirse con la suya; o colocar al nuevo presidente de la Corte Suprema, ejerciendo la justicia del hombre astuto... “Jo´, que bellaquera no! ... mientras tanto, en las salas de las casas el pueblo sigue hipnotizado por ese hombre.

Desde la sala de mi casa, me preguntó hasta dónde somos capaces de llegar, mis queridos compatriotas, para salvaguardar la democracia, las libertades y los derechos de nuestra próspera casa llamada Panamá; todos lo sabemos: salir de nuestras salas y unirnos como pueblo, defender nuestra democracia, recordándole al hombre astuto que así como lo dejamos subir al último piso (el más alto) de nuestra casa, podemos hacer que baje.

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