DEBATE NACIONAL

El salario mínimo… otra vez: I. Roberto Eisenmann, Jr.

¡Volvemos a la negociación bianual, la del salario mínimo! Ojalá en esta ronda evitemos caer en una “compra y venta de alfombras persas” (“quiero 10, te doy dos, no bajo de ocho, no subo de tres”, etc., etc.), para llevar el asunto a fórmulas matemáticas.

Primero, acordemos que el salario mínimo debe ser igual al monto que los integrantes de una familia promedio que trabajan necesitan ganar para pagar lo que le cuesta a esa familia vivir, mínimamente. Esto incluye vivienda, comida, transporte, electricidad, gas, escuela, etc.

Ya con números reconocidos por las partes respecto a cuántos integrantes hay en la familia promedio, cuántos de sus miembros trabajan y cuánto es el monto mínimo que necesitan para cubrir gastos, se saca una fórmula matemática de la cantidad que debe ser el salario mínimo de los que trabajan en la familia, para alcanzar la cifra que esta necesita para vivir.

Seguramente, con el salario mínimo actual este cálculo producirá una cifra déficit. Entonces, negociemos incrementos razonables bianuales del salario mínimo para borrar el déficit. Analizado esto, se determina cuántos años con aumentos razonables se requieren hasta alcanzar la meta de lo que debe ser… y se pactan hoy los años para llegar a la meta.

Yo le haría una sola excepción a la fórmula: excluiría a las microempresas con menos de cinco empleados, pues son las incubadoras naturales de los primeros empleos de gente sin preparación académica, que necesita iniciarse en el trabajo formal, y los salarios mínimos muchas veces le cierran el paso por las finanzas críticas de las microempresas.

Si usamos estas fórmulas matemáticas, la negociación se hace más racional y con sentido real.

También hay que recordarle a los empresarios que la casi totalidad del salario mínimo se convierte en consumo, que se traduce en aumentos en la circulación de dinero en la economía, lo que a su vez termina por producir aumentos en ventas y en utilidades.

Recordemos que el salario mínimo es lo que dice la palabra: el mínimo. No es el salario, ni el máximo. Eso sí, los aumentos del mínimo en empresas profesionales y justas van forzando alzas en todo el escalafón.

Además, estos aumentos de salario mínimo llevan a los empresarios a reexaminar sistemas y metodologías, lo que va forzando un incremento en la productividad que justifica los salarios pagados.

La quejadera de nuestros colegas empresarios siempre es trágica: “vamos a quebrar”, etc. Esto lo oigo desde el primer salario mínimo que se estableció en 40 centavos por hora, cuando lo que se pagaba era 20 centavos por hora; se dobló. En la Cámara de Comercio hubo una reunión masiva de desesperados colegas que sentían que ¡todos iban a quebrar!

Un empresario solitario, el buen amigo Carlos Pérez (q.e.p.d.), dueño de la entonces Casa Sparton, se levantó y dijo: “¡Todos ustedes están locos!... el primer mes se nos van a doblar las ventas, y las utilidades”. ¡Casi lo linchan sus compañeros!

¿Y saben qué?... ¡Carlos Pérez no se equivocó!

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