GOBIERNO

De empresario a secretaria glorificada: Roberto Ruiz Díaz

Cuando Ricardo Martinelli inició su búsqueda de la Presidencia y, aún teniendo alguna experiencia, poca, en el sector público, no se imaginó la magnitud de la burocracia estatal. Para quien está acostumbrado al manejo ejecutivo de ejecuciones rápidas, esto lo amarra de manos y pies, pues la velocidad que desea imprimir a sus promesas de campañas no se compaginan con los procedimientos establecidos.

Cuando ejecutas acciones en la empresa privada, das órdenes directas y, si no se ejecutan, personalmente las realizas. Eso no sucede en el sector público, en el que no solo tienes mayores actividades que en una empresa particular, sino que se cambian los roles; de jefe quedas siendo un empleado de más de tres millones de jefes, que es el pueblo. Paradójicamente, debemos contar que quienes no votan por el presidente electo se sienten como más jefes de los que sí apoyaron; ese es el rejuego de la democracia.

Por cada problema, por mínimo que sea, la gente no quiere verle la cara a un ministro ni a un jefe de entidad, lo que desea es que por quien votaron sea quien atienda sus problemas; desde casos de corregidurías hasta los pleitos en la Corte Suprema. Y esto es así, nadie debe llamarse a engaño, aun cuando la Constitución habla de separación de poderes, todos recurren a quien ocupa la silla presidencial. Que lo niegue algún expresidente. Entonces, todo queda en la disyuntiva de si hay intromisión en los órganos del Estado, cuando un presidente ve y transmite la frustración de un pueblo por la mora, injusticias e incompetencia de los órganos Judicial y Legislativo.

Cuando ningún alto funcionario, designado por el Presidente, sale a defender la posición del gobierno o a defenderse él de los señalamientos que lo apuntan, ¿a quién le toca salir a sacarle las castañas del fuego? Al Presidente, a sabiendas de que no lo debería hacer. He ahí el desgaste que produce a los presidentes tocar todos los instrumentos de la orquesta, cuando él debería ser solo el director.

Así es la secretaria glorificada, tiene que atender y resolver todo, pues la gente no quiere escuchar cuentos de ministros, directores o diputados, lo que desea es que el Presidente los atienda y saben que cuando hay una directriz del Presidente, se cumple, así sea porque se gira una instrucción o la ejecuta el propio gobernante.

Oportunamente lo señaló Martinelli en su discurso de toma de posesión –ante su falta de experiencia en el sector público y por no ser un político a tiempo completo–, que no era perfecto y que podría meter la pata Lo cierto es que esa excepción se la dio exclusivamente para él, no para que el resto de funcionarios haya querido hacer de ello una práctica común y, por tal, tener que ser él quien tenga que salir a defenderlos.

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