TITULACIONES SELECTIVAS

¿A quiénes sirve la Anati?: Olmedo Beluche

Una institución recién creada, con el argumento de resolver una de las mayores injusticias sociales del país, ha sido la fuente de los escándalos más increíbles: la Autoridad Nacional de Tierras (Anati). Las alarmas habían empezado a sonar cuando altos funcionarios recibieron vía fast track, a precios de regalo, sus títulos sobre algunas hectáreas considerables, mientras decenas de miles de pequeños campesinos aún esperan el reconocimiento de sus derechos. En pocos meses se emitieron 80 títulos de gente adinerada o políticos oficialistas, mientras 4 mil familias esperan su turno.

Un día se filtró la noticia de que también se había hecho “justicia” a un humilde florista que usufructuaba un terrenito ubicado en pleno corazón de Paitilla, frente al mar, rodeado de rascacielos, en el único pedacito libre y donde termina el otrora “malecón”, hoy “cinta costera”. Suerte de florista. En menos de 24 horas traspasó a una sociedad anónima su “título de propiedad”. Según los funcionarios de esa institución, se hizo un acto de justicia social al entregar, de manera completamente gratuita al “florista” un terreno cuyo valor catastral oscila entre 11 millones y 40 millones de dólares.

Gracias a la Anati, empiezan a aparecer felices dueños de tierras por todo el país, algunos reclamando pedazos de reservas naturales, otros a quienes pobres miserables les habían “usurpado” su propiedad por décadas y que ahora con la ley y la policía en las manos les están echando. La verdad es que la Anati y su antecesora, la ley de tierras junto a playas e islas, dictada por el gobierno de Martín Torrijos, no busca resolver el problema de las 132 mil 446 explotaciones agropecuarias sin títulos (56% del total, según el Censo de 2001). Contrario a lo que alega el Sr. Surse Pierpoint (La Prensa 26/9/2011), los actos de la Anati no obedecen a una conspiración “comunista”, sino a un fin capitalista: apropiarse en beneficio privado todas las áreas costeras del país. El modelo de acumulación que diseñaron no tiene el desarrollo agrícola como puntal, sino un esquema de especulación inmobiliaria y turismo de gran poder adquisitivo. Esas son las tierras que quieren titular, no la de los pobres campesinos.

El sistema binario de “títulos de propiedad” para los ricos y “títulos posesorios” para los pobres, surgió en los 60, como una iniciativa de EU, vía Alianza para el Progreso, como respuesta a la Revolución Cubana. Se procedió a una especie de engaño, dar títulos devaluados al campesino pobre, el “título posesorio” que otorga Reforma Agraria, sin valor de mercado. Así se aplacaba la sed de tierra del campesino con un papel, pero no se accede a la equidad jurídica.

La renuncia de los dos responsables de la Anati busca echar tierra al escándalo. No resolverá el problema de fondo: la producción agrícola, la seguridad alimentaria ni la vida de un millón de panameños que dependen del sector rural. Para resolver eso se requiere otro gobierno, que no responda a los intereses de los millonarios y que cambie el modelo económico del país.

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