REESTRUCTURACIÓN ADMINISTRATIVA

Las fallas del sistema de salud: Carlos David Abadía Abad

De este tema ya he escrito antes, y en todos los diálogos y eventos del sector salud en los que he participado en los últimos 15 años ha sido el asunto a discutir. Hoy sale a la palestra, nuevamente, esta discusión. La retomo, porque de seguir nuestro sistema de salud bicéfalo y si las instituciones responsables de esta importante tarea no se reestructuran, continuaremos padeciendo por este gran error.

¿Qué se debe hacer? Primero, la reestructuración y modernización del Ministerio de Salud. Cuando esta institución se creó en los diferentes países, se hizo para que fuera proveedora de la atención de salud, como tarea principal. También diseñaba políticas de salud, campañas de promoción y prevención con menor énfasis. Esas tareas eran lo que el escenario de salud exigía. Hoy, el contexto es otro. Los Ministerios de Salud tienen tareas prioritarias diferentes, entre ellas la responsabilidad de rectoría, de campañas de promoción y prevención más complejas, porque el perfil epidemiológico es diferente al de la década de 1930 y finales de 1970.

La vigilancia sanitaria, la supervisión de todos los establecimientos de salud, públicos y privados, y una serie de tareas más le obliga al Ministerio de Salud a dejar de ser proveedor de atención de salud. Es ilógico que un Ministerio de Salud administre hospitales y los supervise; esa es una de las incoherencias del actual sistema.

Las campañas de prevención y promoción que hoy son obligatorias en grandes temas, como el tabaquismo, la obesidad (una de las principales causas de hipertensión y diabetes), el cáncer cérvico uterino, de mamas y próstata, son temas que le dan protagonismo al ministerio.

Los ministros se resisten a hacer el cambio que se requiere, porque piensan que perderán “poder político”; por el contrario, tendrán mayor protagonismo.

En Brasil, el Ministerio de Salud no nombra al personal que labora en el sistema de atención, eso es responsabilidad de los municipios; sin embargo, el Ministro de Salud es una de las figuras públicas con más protagonismo. Lo menciono, porque todos los que pasan por ese puesto saben que así deberían hacerse los nombramientos, pero se oponen y después, al pasar a la posición de “ex”, entonces lo proponen.

La otra reestructuración que debemos hacer es dividir la CSS en dos instituciones (unos hablan de tres y eso se puede acordar), pero lo importante es fraccionar responsabilidades. Una CSS que se encargue del sistema de pensiones, con su junta directiva y director, y otra que brinde la atención de salud, con su junta directiva y director respectivo. De esta manera, cada administración podría poner toda su energía, inteligencia y capacidad en su tarea específica. Y no me vengan a decir que esto es privatización, como exclaman algunos, sin explicar el porqué de dicha privatización.

Lo que proponemos es ser más eficientes, porque las responsabilidades principales de la CSS son complejas y disímiles.

Si tenemos un Ministerio de Salud moderno y una CSS dedicada a la atención de salud, esta se puede encargar de toda la población (desde mi punto de vista, esto llena la propuesta que los “garantes”, de contar con una institución dedicada a esta responsabilidad, denominamos Anas). Claro está, con el financiamiento que el Gobierno central debe proporcionar, según la cantidad de personas no aseguradas que se atienda. La fórmula de ese financiamiento fue discutida por los “garantes” y en la mesa de salud.

Que no se diga tampoco que el Gobierno le cargará a la CSS esos costos. En este cambio que proponemos, todo esto se puede regular, al igual que quienes deben participar en esa junta directiva, especificando el perfil que se exige, y todos los cambios que se deben implementar para tener una institución de atención de salud del primer mundo. Esto ya se discutió y está escrito, solo falta voluntad política para hacerlo.

El Gobierno anterior pensó más en la política que en el cambio que necesita el sistema de salud. El expresidente Torrijos actuó como un político más, no como un estadista comprometido con el país. Aún no entiendo cuál es el costo político de hacer estos cambios. Solo es cuestión de dar las explicaciones, con claridad y detalles, porque será la población la gran beneficiada. De posponer estos cambios, seguiremos con los problemas de atención, gastando más de lo debido, sin obtener resultados, y las estrategias de atención primaria serán más difíciles de implementar.

A mi amigo, el ministro Vergara, le sugiero que tome el camino correcto para que cuando deje su puesto, tengamos el sistema que todos los panameños nos merecemos; de lo contrario, seguiremos como un país del tercer mundo en el sector salud.

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