UNIVERSIDAD DE PANAMÁ

El nuevo sistema de evaluación: Dorindo Jayan Cortez

La Universidad de Panamá cuenta este año con un nuevo sistema de evaluación del desempeño, de doble modalidad. La “evaluación docente” se aplicará a todos los profesores de tiempo completo y tiempo parcial; y la llamada evaluación del “rendimiento por resultado” se aplicará exclusivamente a los de tiempo completo.

Entendemos que vivimos un nuevo orden con retos diferentes que inciden en las tareas propias de las universidades. Entre los desafíos está mejorar la calidad y pertinencia de lo que hacemos. En efecto, mejorar el desempeño docente, que trabajemos más y con más calidad, es algo que no encuentra oposición en el profesorado. Ahora bien, “ser mejores” no solo resulta de los procesos de evaluación, eso es una parte. Hay que facilitar ambientes laborales saludables y garantizar mayores inversiones en tecnologías, innovación e investigación. Con estos soportes no es posible negar los nuevos paradigmas, ni siquiera los procesos de evaluación, aunque lo que se exige es que el sistema recién aprobado sea ampliamente divulgado. Esto (informar para dar a conocer) es una condición básica para el éxito de cualquier proceso.

Será imperativo sopesar la racionalidad de las “sanciones” establecidas en el reglamento, así como asegurar efectividad en los incentivos que se otorgan a los docentes que alcancen evaluación excelente (91% en adelante). No negamos que debe haber una manera de regular la poca productividad, pero tanto la forma como los alcances en que están definidas las sanciones podrían generar un ambiente de tensiones desfavorable para las metas propuestas en el sistema, sobre todo porque las “evaluaciones regulares repetidas” y las “no satisfactorias continuas” afectarían la condición de los tiempos completos, y la suspensión por un año de los tiempos parciales.

El sistema elimina la autoevaluación. Si los educadores son actores del proceso resulta una deficiencia dejarlos al margen y sin posibilidades de aportar en la orientación. El nuevo diseño establece un 35% para los estudiantes, y a las comisiones de evaluación de las unidades académicas se les otorga el 65%. Los profesores no aportan ningún porcentaje, de manera que se “pierde” información valiosa para valorar, por ejemplo, el aprendizaje de los estudiantes y el propio desempeño del docente.

Por otra parte, para que esta evaluación cumpla con los fines propuestos es imperativo que las unidades académicas hagan una reingeniería en la planificación de sus actividades, de forma que los profesores incursionen con efectividad en las funciones que les corresponde; igual preparación han de tener la Dirección de Evaluación y los integrantes de las comisiones de evaluación. Por eso, su aplicación, como lo solicitamos a las autoridades, debería postergarse para 2014.

La efectividad del sistema de evaluación se obstaculizaría si, a futuro, no eliminamos la exagerada politización. Una universidad que sea acreditada puede fenecer si el electoralismo se impone como cultura disfrazada de democratización. Urge construir la cultura de la calidad, que sea la base para mejorar y elevar lo que hacemos.

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