CANAL DE PANAMÁ

Sobre el tercer juego de esclusas: Gabriel J. Perea R.

Ninguna obra creada por un humano, sea pintura, escritura o construcción, será perfecta por un simple hecho: fue hecha por hombres. Ni siquiera aquellos seres inmortales que crearon obras inigualables osarían llamar perfectas tales cosas. Solo el dedo invisible de Dios puede crear, sin errores.

Volviendo al tema terrenal, veamos el Canal de Panamá, esa vetusta obra que marcó nuestra historia y que a punta de ingenio se ha mantenido vigente, gracias a la labor de cientos de colaboradores que en el pasado trabajaron ahí, que ahora siguen bregando y que lo harán mañana. Pero el paso de los años es implacable y todos envejecemos, nos volvemos menos productivos y somos superados. Quien ignore estas verdades inexorables pierde el rumbo. Y como tal ley de la existencia no puede ser ignorada, el Canal por mandato del pueblo –que voto sí, confiando en que se debía dar paso al progreso– comenzó la construcción de nuevas esclusas para permitir el tránsito de las gigantescas naves que hoy día mueven el comercio internacional.

Fue un salto al vacío, confiando en que caeríamos en tierra firme y no terminaríamos –cual paracaidista poco precavido– en un árbol ante el bochorno internacional. ¿Por qué fue al vacío?, porque confiamos que en el proceso de selección de quienes se encargarían de la obra se elegirían a los mejores. Y se hizo todo lo que la ley y las buenas prácticas empresariales permitieron.

Sin embargo, dado que somos seres humanos imperfectos, ha pasado de todo: reclamos, arbitrajes, huelgas y ahora lo impensable, fallas en pleno proceso de pruebas, cuando falta muy poco ya para completar los trabajos.

¿Esto puede retrasar la entrega de la obra, puede encarecerla?, pues claro que sí, pero ante la magnitud del proyecto es algo perfectamente entendible. Basta recordar la historia de todas las megaobras que se han realizado o, mejor, veamos nuestra propia historia y todo lo que pasó en la construcción del Canal.

¿Es culpa de los directivos de la Autoridad del Canal de Panamá? ¿Es culpa del ingeniero Jorge Quijano o del resto de los ingenieros canaleros? La respuesta es no, porque no son ellos los que construyen la obra y deben creer en los informes que les entrega el contratista. No obstante, ante esta falla que ha sido muy publicitada, ahora les toca a ellos nuevamente cuadrarse en nombre del pueblo panameño, que está orgulloso de su labor, y exigir que esta falla y cualquier otra que pueda surgir sea corregida.

Hagan lo que tengan que hacer, pero de que inauguramos esas esclusas, las inauguramos. Ya no hay marcha atrás, el sí que miles de panameños le dieron a ese nuevo Canal lo exige. Volveremos a hacer historia, porque somos una nación pequeña, pero con un corazón gigantesco.

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