DOS HORAS QUE SUMAN

El tiempo en la calidad educativa: Jaime Cheng P.

La calidad educativa no resulta un concepto abstracto ni estático. Tiene que ver con mejoras de condiciones y logro de metas. Una de las metas fundamentales en la educación es la obtención de conocimientos útiles y la promoción de bachilleres con perspectivas claras.

Muchos docentes pensaban erróneamente que, a mayor cantidad de fracasos, mejor era el profesor, porque su materia era difícil y no cualquiera la aprobaba. Gracias a Dios ese enfoque cambió y empezó –valga la pena decirlo– en la escuela particular, en la que directivos y propietarios se percataron y, también, se apropiaron de nuevas tendencias pedagógicas enfocadas en el estudiante y en su desarrollo integral.

La frase “ese muchacho tiene problemas”, que utilizan algunos profesores para justificar el fracaso de los alumnos, ni integra ni contribuye a edificar. El concepto “problema” aísla y tiende a ocultar que el docente no ha sabido transmitir sus conocimientos ni ha hecho interesante su clase. Los alumnos no deben sufrir las frustraciones ni los problemas domésticos de los docentes. Necesitan a un adulto profesional que contribuya a su crecimiento intelectual y humano.

Los recursos de que dispone un centro escolar, también, son importantes en la calidad. Una buena estructura física, laboratorios bien equipados, buena capacitación docente, espacios adecuados de esparcimiento para los estudiantes son elementos que no deben soslayarse.

Hay otro factor fundamental para medir la calidad en la educación y lo constituye el tiempo invertido en las clases. En la educación particular se imparten hasta más de dos horas por día-clase. Es decir, que en los colegios estatales la hora de terminación de clases es al mediodía porque muchos de sus docentes necesitan trasladarse a un segundo empleo en la noche o la tarde. En las escuelas particulares, por el contrario, las clases termina entre 2:00 p.m. y 3:00 p.m., luego el centro educativo gira en torno a varias actividades académicas y recreativas, haciendo que el estudiante se involucre mucho más con la vida escolar. Resulta un caso de cálculo simple, si multiplicamos las dos horas adicionales diarias por semana, obtendremos que se dictan semanalmente hasta 10 horas más en las escuelas particulares. Mensualmente, esto se traduce en 40 horas y, anualmente, estamos hablando de más de 400 horas. Ahora ¿Cuántas horas se invierten en un bachillerato obtenido en la educación particular por encima de la educación estatal?

El resultado es significativo.

Hay que añadir que en las escuelas públicas se pierde tiempo por las asambleas docentes, huelgas, inasistencia, reparaciones, fumigaciones y actividades extracurriculares que no se evalúan ni supervisan de forma eficaz. ¿Contribuye, o no, este tiempo adicional de que dispone la educación particular al logro de niveles de calidad en la formación académica? La respuesta parece ser evidente.

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