SOCIEDAD VIOLENTA

De tiroteos y malignidades...: Xavier Sáez-Llorens

Debo confesar que la época navideña me resulta un tanto deprimente. Aparte de ser un periodo donde se maximizan las supersticiones colectivas, ver a niños pudientes recibir regalos y a humildes esperar caridades nunca ha sido una situación digna de celebrar a plenitud. Si a esto le sumamos la ausencia de progenitores, por fallecimiento o senilidad, y las rencillas entre parientes cercanos, la tradicional festividad se transforma en rutinaria nostalgia. Este año, con la reciente matanza de 20 indefensas criaturas en un centro escolar de Connecticut, lo único que merece la humanidad es que la absurda predicción maya fuese correcta.

Estos despiadados tiroteos se repiten con relativa frecuencia en Estados Unidos. La principal causa parece obvia. Cualquier civil tiene libre acceso a la compra de armas, incluyendo fusiles de asalto. Es más fácil adquirir una pistola que un anticonceptivo sin receta. Hay casi tantas armas como habitantes, repartidas en 40% de hogares particulares. Otros factores, por supuesto, deben estar implicados en la génesis de estas carnicerías. Para que una persona cometa atrocidades, su mente debe sufrir un grave trastorno funcional, forjado o amplificado por una profunda desadaptación social. Los desequilibrados individuos sueñan con adquirir notoriedad pública o vengar los traumas que propician su soledad. De hecho, la mayoría de victimarios termina suicidándose, quizás como último paso a haberse sentido importante por primera vez en su vida. Las aberraciones conductuales comienzan usualmente en la adolescencia, momento crucial en el desarrollo de la autoestima y la integración con el entorno. A diferencia de lo que pasa en nuestra cultura hispanoamericana, los adolescentes anglosajones salen de sus casas de manera prematura, exponiéndose a carencia afectiva, desapoyo parental y nula detección de morbilidades sicológicas incipientes. Debido a su limitación económica y a la deficiente medicina estatal, además, el afectado no busca una evaluación siquiátrica oportuna. Si adicionamos, como apunta Michael Moore, la violencia intrínseca de la sociedad yanqui, gestada a punta de resolver diferencias de forma bélica, el caldo de cultivo está bien cimentado para lo peor. No en vano, es uno de los pocos países civilizados que tiene pena de muerte.

Es cierto que existen sicópatas criminales en todo el mundo. Basta recordar la tragedia en el Instituto Politécnico de Montreal en 1989, la masacre en una escuela primaria de Dunblane, Escocia en 1996, la sangrienta cruzada de dementes musulmanes en un recinto educativo de Beslan, Rusia en 2004, las ejecuciones en el Liceo Gutenberg de Efurt o en el colegio secundario de Albertville, Winnenden, ambas en Alemania durante 2002 y 2009, respectivamente, la locura de un joven que mató a 10 alumnos de su antigua academia en Río de Janeiro, Brasil o el exterminio de un activista pro supremacía blanca en Noruega, en el año 2011. La diferencia, no obstante, es que estas desgracias ocurren esporádicamente a nivel mundial pero entre dos y tres veces por año en territorio estadounidense. Aproximadamente, 35 norteamericanos son asesinados cada día (casi 13 mil por año) por armas de fuego, y si agregamos los accidentes o suicidios provocados por similares dispositivos, la cifra anual se eleva a más de 75 mil. Este número representa más del 80% de todas las víctimas por bala que suceden en los 20 países más industrializados del planeta. Hay sujetos, de mentalidad superflua, que asocian estas catástrofes con el creciente desinterés religioso de la juventud. El pastor evangélico, Bryan Fischer, manifestó que Dios no salvó a los niños porque no rezaban, leían la Biblia ni le abrían la puerta en esa escuela de Newtown. Esta bestia amerita una escisión de sus cuerdas vocales. Curiosamente, más gente cree en una deidad y asiste a iglesias en Estados Unidos que en cualquiera de las naciones occidentales desarrolladas.

La otra noticia del mes fue la nueva recidiva de la malignidad del presidente venezolano. Me parece lamentable que haya ocultado información relevante al pueblo que lo elige con la única finalidad de mantenerse en el poder. Por más esperanza que tenga de superar su grave pronóstico, los ciudadanos deben conocer la situación de salud de su mandatario, máxime si esta compromete su futuro a corto plazo. Aunque Cuba esconda el diagnóstico, por ideología y subsidio económico bolivariano, Chávez conoce perfectamente la trascendencia de su dolencia. Se puede intuir, sin embargo, que por sus múltiples recaídas después de cirugías, quimioterapias, radiaciones y medidas desesperadas no avaladas por evidencia científica, se trata de un tumor agresivo que ha sembrado metástasis en otros tejidos. De la poca información filtrada por médicos cercanos, especulativa o acertada, se comenta de un posible rabdomiosarcoma del músculo Psoas, con posible diseminación a huesos, pulmones o hígado. De ser así, su deceso seguramente ocurrirá en el 2013.

Me encantaría equivocarme. Como médico y ser humano, deseo la recuperación exitosa de cualquier enfermo. Es tanta la polarización y emigración que su mandato ha causado en esa hermana nación, empero, que mucha gente maneja este asunto con indiferencia o júbilo. En Venezuela, una mitad le reza a Chávez pero parte de la otra mitad le reza al cáncer. Así de racionales somos. @xsaezll

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