LA NEFASTA LEY 69

El paro de los trabajadores de salud: Marcel Penna Franco

Estamos abocados a un paro de los trabajadores de salud (cuidado, que no digo “paro médico”), que ha estado marcado por la prepotencia ya conocida de este gobierno, su interés por realizar actos públicos dudosos y el desconocimiento de la realidad, en este caso, la concerniente a la salud.

Guardadas las proporciones, la situación en cuanto a la distribución de recursos materiales y humanos a lo largo y ancho del país es similar a la de Brasil. Inequidad en los recursos siempre a favor de las capitales y ciudades más grandes, marginando a las poblaciones alejadas y, por supuesto, a las más pobres, las que menos recursos tienen. Pero afirmo, de manera enfática, que no se trata por la falta de médicos.

En términos generales, el gremio de especialistas del hospital Santo Tomás (HST), del que formo parte, no se opone a la contratación de colegas extranjeros, siempre y cuando se analicen los siguientes puntos:

1. Que su trabajo sea de utilidad en el área en que se les contrata. Aquí hay que hacer algunas precisiones importantes: deben contar con los insumos adecuados para su trabajo (equipo, medicamentos, materiales quirúrgicos, etc).

En contraposición a lo que dijo Ricardo Martinelli (verdades a media y flagrantes mentiras), en este momento no es viable tener algunas especialidades en los sitios alejados. Por ejemplo, cardiólogos, nefrólogos, ortopedas y algunas otras, pues las instalaciones existentes carecen ahora y a largo plazo de lo necesario para su desempeño. Es decir, se convertirían en mano de obra subutilizada.

¿Qué haría un anestesiólogo o un cirujano en una instalación que no tiene salón de operaciones, si en el área metropolitana muchas veces ni siquiera se pueden hacer cirugías a falta de bandejas, prótesis, suturas, etc. Solo si el Estado provee esos insumos y la planta física para hacerlo, estamos de acuerdo en que se contraten.

2. Es una falacia lo de nombrar médicos con el doble del sueldo, si a los que hacemos turnos en el HST o en la Caja de Seguro Social (CSS) no nos pagan por ese trabajo desde hace tres meses. Se trata solo de demagogia. Por otro lado, la atención en salud no la brindan únicamente los doctores. ¿Qué pasa con las enfermeras y con los técnicos de enfermería, de rayos X y de laboratorio?

3. En cuanto al equipo de resonancia magnética, ¿dónde se necesita más en Coclé o en el Oncológico, que es un hospital que concentra a muchos más pacientes? El de la CSS se daña con frecuencia. Lo que no se dijo es que el Dr. Noriel Salerno lo compró para su circuito por pura política. Por supuesto, que es lo ideal tener ese resonador en el interior, pero compre uno para el Oncológico, le hace falta a los enfermos de cáncer.

4. En el caso de la ginecóloga extranjera asignada de Penonomé, no se verificaron ni sus créditos ni su idoneidad, y ya todos nos enteramos de lo que ocurrió. Tengo entendido que no la condenaron por homicidio, porque la ley dice que este solo se da si el niño ha nacido.

5. Un punto que quitaron de la ley fue que los médicos “contratados” tenían que ir a las áreas de difícil acceso y pusieron “donde se necesitara”, lo que puede parecer semántico, pero no lo es.

Tampoco se especifica si cuando un médico panameño termine la especialidad, entonces, podrá ocupar la plaza.

7. Repito, en el HST no nos oponemos a la contratación, siempre y cuando se cumplan las formalidades para comprobar la calidad del profesional, se definan claramente los lugares donde trabajarán y se diga taxativamente cuándo será reemplazado el extranjero.

Los médicos graduados en Cuba, por lo que hemos conocido en el Santo Tomás, tienen una preparación deficiente. De hecho, allá gradúan a una gran cantidad por año, porque es un país con cerca de 11 millones de habitantes. Su formación es teórico-práctica, pues con tal cantidad de estudiantes no hay suficientes enfermos para aprender.

Por último, debo aceptar que tanto los médicos como el Gobierno están pensando en el modelo curativo, que es obsoleto e ineficiente. Tener más médicos no resuelve el problema de la salud en ningún país del mundo, además es muy caro. La solución es la atención primaria y la prevención. Esto implica impedir que ocurran las enfermedades prevenibles, cuya curación cuesta enormes sumas de dinero.

La atención primaria la puede brindar un equipo de profesionales del ramo y entre ellos el médico no es el más importante. Sin embargo, este planteamiento no lo entiende ni el ministro de Salud ni Ricardo Martinelli.

Si el gobierno logra imponer la nefasta Ley 69, lo que vendrá es la privatización que se niegan a confesar. Solo como muestra, durante el acto de sanción de esa ley se le ordenó al director de la CSS suspender la adjudicación de la administración de la Ciudad Hospitalaria a una empresa privada. ¿No es la CSS una entidad autónoma, con una junta directiva?

Todos percibimos que la CSS, la Corte, el Ministerio Público, etc., bailan al son que toque Martinelli. Como diría mi abuela, “que el Señor nos agarre confesados”.

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