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DIVISIONES INTERNAS

La tragedia de los partidos de oposición: Evans A Loo R.

La “democracia de partidos” ha sido el mal de los últimos tres siglos. La desmedida ambición de poder de las cúpulas partidistas, tanto de mantenerse siempre vigentes como de lograr la presidencia a cualquier precio, ha dado al traste con los mejores proyectos, y ha sido la causa de divisiones sociales. En 1830, Simón Bolívar en su última proclama dijo: “Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.

Y es verdad, si hay algo que divide a la gente es la adopción de una etiqueta o carné político, porque es sinónimo de prebendas privilegios e impunidad. Esto ocurre en sistemas políticos tanto de izquierda como de derecha. Y las demostraciones más claras las tuvimos en el Partido Comunista Soviético, como en el Partido Nacional Socialista Alemán (Nazi).

La polarización entre izquierda y derecha dio como resultado el advenimiento de posiciones centristas y, presuntamente, más equilibradas como la social democracia y la democracia cristiana, entre otros, que instalaron gobiernos en toda América Latina, desde mediados hasta finales del siglo pasado.

Todos los defectos y desviaciones originarias de ambas facciones fueron asimilados y, por qué no, agravados por las corrientes socialdemócratas y demócrata cristiana, y dieron como resultado que para finales del siglo pasado, los pueblos de América exigieran cambios radicales y naciera una corriente antipartido en muchas naciones. Ejemplos de ello sobran en América Latina, especialmente en el cono sur.

Al parecer, lo que no se ha entendido es que el mensaje en las urnas ha sido claramente repudiar a los partidos tradicionales y aceptar cualquier otra cosa, lo que sea, con tal de no permitirles llegar nuevamente al poder. Citaremos algunos casos gráficos de ello.

El advenimiento de Hugo Chávez Frías en Venezuela, demostró claramente que la población quería un liderazgo único, no uno de partidos. Acción Democrática y Copei pasaron de ser los partidos más poderosos de Suramérica a lo que son hoy en día.

Todo ello gracias a las luchas internas por llegar a tener el poder. Mientras estos se desgastaron en luchas intestinas, Hugo Chávez consolidó su liderazgo a su alrededor y ganó las elecciones. Y ello porque los pueblos en nuestros modelos democráticos buscan a un conductor, no a un grupo que los gobierne. En Panamá fue igual, Ricardo Martinelli, loco o cuerdo, supo imponerse y dejar claras muchas cosas. Asumió los riesgos y salió victorioso.

Tanto el pueblo venezolano como el panameño y, quizás, algunos otros de América, lo que buscan es un líder fuerte, no un partido de gobierno al estilo del soviético o alemán. Mucho menos aquellos que ya fueron rechazados en el pasado. Es por eso que la oposición en ambos casos vive una tragedia y parecen no darse cuenta cabal de ello.

En Venezuela se ha formado lo que se conoce como la “mesa de la unidad”, pero no se sabe unidad de qué o para qué. Lo único que parece unirlos es derrotar a Hugo Chávez, y al parecer así es.

En lugar de haberse sentado todos a puertas cerradas y entre ellos mismos escoger a quien tenga las mejores aptitudes para gobernar, han planteado unas “primarias” que en lugar de unir los va a seguir dividiendo. Para vencer a Chávez, desde el principio tenían que presentar un candidato o candidata único y olvidarse de todo lo demás.

¿La razón de esto? Todos quieren lograr la candidatura presidencial. La pregunta que surge es si el candidato que es de la simpatía de unos no gana, ¿qué pasara después? ¿Es ese voto endosable? Yo opino que ¡no! Encima de esto, ahora resulta que los partidos políticos que fueron desplazados, en lugar de quedarse quietos salen apoyando a uno u otro candidato en las primarias. Un error político que van a pagar, digan lo que digan.

En Panamá pasa lo mismo, la lucha interna en el Partido Panameñista, entre Mireya Moscoso y Juan Carlos Varela, mantiene a las bases confundidas; de allí los saltos a Cambio Democrático. El PRD no se queda atrás; Juan Carlos Navarro, Samuel Lewis Navarro, su primo, Ernesto Pérez-Balladares, Balbina, Bolo, Nito Cortizo etc. están igualitos a la oposición venezolana.

Que Cambio Democrático haya decidido no ceder y proyectarse al 2014 con candidato propio es una clara demostración, de que los locos no lo están tanto como lo creen muchos. Tienen el poder en todos los sentidos.

Y es, precisamente eso, la impaciencia y la carencia de olfato político o de luces largas, la gran tragedia de la oposición en estos países.

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