MALOS EJEMPLOS

¿Somos tránsfugas por naturaleza?: Franklin Delgado

Cuando falta menos de un año para las elecciones generales en Panamá, ha resurgido con más vehemencia el calificativo “tránsfuga”. Esta denominación se utiliza de forma despectiva para políticos que, perteneciendo a un determinado partido, renuncian y se inscriben en otro.

Aunque parezca una práctica nueva, esta se emplea desde hace muchos años en Panamá. Lo novedoso ahora es la enorme cantidad de dirigentes que la utilizan. Al ser cuestionados por tales actos, ellos ofrecen un sinnúmero de excusas. Que no los escuchan, que han sido olvidados por el dirigente máximo, que siempre han sido de tal partido en su corazón, que les falta la figura paterna. Lo más lamentable es que la mayoría de nosotros, los ciudadanos, no tiene una sola opinión respecto a esta situación. A veces, el tránsfuga es malo y otras veces no tanto.

Todo parece indicar que nuestro juicio depende del político del que se trate. Si él no ofrece ningún beneficio particular, entonces lo definimos como: Pavipollo, tránsfuga, cambia-partido, baila la vara, avestruz, canguro y otros adjetivos. Por otro lado, si nos beneficiará con alguna dádiva, entonces es: honesto, admirable, lo mejor que han tenido, sí cumple, es una excepción. ¿Será que somos tránsfugas por naturaleza? Antes de juzgar rápidamente esta conducta, debemos hacer un análisis del rumbo que ha tomado nuestra sociedad sobre este aspecto. Así las cosas, conozco a muchos que sostienen: “nuestra sociedad cada día es más clientelista, interesada y baila la vara”; “los panameños funcionamos en base a dos principios, sálvese quien pueda o voy a ganador”.

Estoy seguro de que muchos al leer esta afirmación, escandalizados, han dicho: “Yo jamás he cambiado mi convicción, así que no me comparen”. Sin embargo, ¿han notado con qué facilidad cambiamos de equipos de fútbol, jugadores, artistas o incluso religión? Lo malo no es cambiar, sino el por qué del cambio.

Aunque parezca que el cambio de opinión respecto a cosas sin trascendencia (deportes, arte, etc.) no es lo mismo que la opinión política, los sociólogos señalan que sí define el patrón a seguir de las futuras generaciones. Los hijos ven cómo el progenitor decide por tal o por cual, dependiendo de la circunstancia y el beneficio propio. Frases lapidarias de algunos padres de la patria como: “El que no da, no va”, retumban en el subconsciente de los futuros ciudadanos. Y al sumar todas estas pequeñas enseñanzas, se forman juicios de valor equivocados en los futuros ciudadanos.

Todos tenemos derecho a buscar nuestra felicidad y bienestar, siempre y cuando, la forma y los métodos no atenten contra la colectividad. La historia de la humanidad ofrece ejemplos de sociedades que se comportaron de manera individualista y perecieron. Ya basta de apoyar a candidatos por beneficio particular. Enseñemos a nuestros hijos con buenos ejemplos, a no ser tibios en sus opiniones, a defender sus convicciones morales y políticas. Y sobre todo, a aspirar al bienestar de la sociedad en general.

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