CRISIS EN LA CIRCULACIÓN VIAL

De tránsito y corredores: Ignacio De Gracia Perigault

Independientemente de las causas y los motivos, en la ciudad de Panamá no hay suficientes vías amplias en dirección oeste–este, es decir, del Casco Antiguo hacia la 24 de Diciembre, en relación a la cantidad de automóviles que circulan; esta razón impide un flujo vehicular rápido y continuo.

Darle a la empresa privada la construcción y administración de los corredores, al igual que la recuperación de su inversión mediante el cobro de peajes, ha sido un magno error que, esperamos, no se repita, particular y especialmente, si consideramos que los corredores son una necesidad para el desahogo del tránsito en una ciudad con insuficiencia de vías amplias para la cantidad de vehículos que en este momento circula y que va en aumento.

Por lo tanto, ponerse a cobrar por el uso de los corredores para recuperar el gasto, utilizando métodos que obligan al conductor a detenerse aunque sea por un segundo, se convierte en un absurdo y crea tranques, sobre todo, en los puntos medulares a las horas pico. Esto equivale a ponerse a cobrar al mediodía por el uso de las calles en la esquina de la Iglesia del Carmen con vía España.

Normalmente, los Gobiernos utilizan métodos indirectos, como son los impuestos sobre las placas y gasolina o en la compra–venta de automóviles o toman de los ingresos del Estado para pagar el costo, que es lo que debería hacerse, en vez de inventar más impuestos.

El cuento de que no hay plata es un embuste, porque al final somos los usuarios, el pueblo, los que pagamos todo.

Dado que el cobro del peaje en los corredores no es funcional, una medida que aliviaría el problema significativamente, en beneficio de todos, sería que no se cobrara de lunes a viernes, de 5:00 a.m. a 8:00 a.m. y de 5:00 p.m. a 8:00 p.m. Es decir, en las horas de mayor tránsito, dando paso expedito a los usuarios, y que ello no le cueste al Estado.

Otra propuesta a considerar en las circunstancias actuales, con el auge en la construcción y los tranques, es limitar la circulación de vehículos en las horas pico señaladas, de lunes a viernes, de acuerdo a la terminación del número de la placa; de manera que un día circulen los autos con placas pares y el otro, con las impares. Esto debería aliviar el congestionamiento y al limitar la restricción a ciertas horas permitiría movilidad durante el resto del día a aquellos que no le corresponda según la placa. No creo que el transporte público tenga la capacidad de transportar, durante todo un día, a la mitad de las personas que utilizan automóviles.

Una recomendación adicional es que se construyan puentes vehiculares en todos los cruces importantes de la ciudad, deben hacerse a imagen y semejanza del recién construido paso sobre la vía Ricardo J. Alfaro, en el área de Villa Cáceres y la vía hacia la Universidad Tecnológica. Comúnmente se les conoce como puentes de cuatro orejas o trébol de cuatro hojas; estos permiten que en las intersecciones, no importa la procedencia, se pueda dar un giro de 90 grados a la izquierda sin interrumpir el tránsito, porque el conductor se sumaría lateralmente al tránsito, sin detenerlo, contrario a lo que sucede en todos los puentes de cruces importantes que tenemos, como los dos de San Miguelito, el de la Cervecería Nacional, el del Monumento a la Madre en Paitilla, el de Pedregal y el nuevo de Albrook, cuya construcción ha sido un craso error. A diferencia de lo que sucede en los dos únicos puentes bien hechos, como el señalado en el párrafo anterior y el de la avenida Martín Sosa, que nos brindan una muestra práctica y real del beneficio, utilidad y eficiencia de ese tipo de estructuras.

Otra medida necesaria es el ensanche de las principales vías que recorren la ciudad en dirección oeste-este, como parte de la Transístmica, vía España, Ave. Balboa (aunque casi agotado su potencial), la Ricardo J. Alfaro, vía Tocumen y la calle 50. Todas tienen capacidad de ampliarse a ambos lados.

Solo me queda por resaltar la necesidad de adecuar las principales salidas de los corredores y hacer lo que se tenga que hacer para evitar los embudos y congestionamientos. Esperamos, también, que los cinco puentes que están en planes de construcción sobre la vía Brasil se hagan de manera tal que permitan una futura ampliación de las calles que cruzarán y que sean del tipo trébol antes mencionado. Lo contrario será una catástrofe, un gran gasto para obtener cero solución.

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