SISTEMA VIAL

El transporte público en la ciudad: Humberto R. Leignadier Arcia

El transporte público en la ciudad de Panamá experimenta una renovación estructural del conjunto de autobuses que existía, y un cambio radical que incluye poner a funcionar un Metro, cuya ejecución ha requerido construir una infraestructura totalmente nueva. Hasta ahora, estos cambios podrían considerarse como un intento para mejorar el transporte urbano, que no se han transformado todavía en una hermosa realidad.

Al mismo tiempo se inició un programa de mejoramiento vial que comprende la ampliación de algunas vías, extensión de los corredores, construcción de pasos elevados y subterráneos en algunas intersecciones de las avenidas principales y la continuación de la cinta costera. El arranque simultáneo de todos estos proyectos, en una forma que no tomó en cuenta los problemas que serían ocasionados a los ciudadanos, indica que no hubo planificación previa; y la forma inconsulta como se han desarrollado creó una situación caótica con efectos perjudiciales para el bienestar, la salud y el humor de los habitantes de la metrópoli, en el pasado alegre y cortés. Digo que inconsulta, porque no tomó en cuenta la experiencia y la historia de una ciudad que enfrenta graves problemas de circulación debido a su configuración, falta de vías apropiadas y exceso de autos. Todo ello, sumado a la conducta cada vez más desordenada y, ahora, descortés de los conductores e, incluso, de los usuarios del transporte público, agrava el problema.

No es el propósito de este artículo establecer responsabilidades; esa tarea y la sanción correspondiente pertenecen al ámbito judicial y, sobre todo, a los ciudadanos afectados que tendrán que determinar cómo lograr justicia ante los delitos viales que se cometen a diario. Lo urgente es reconocer que tenemos un problema que afecta nuestra salud y calidad de vida. Entretanto, debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para resolverlo o mitigarlo. ¿Qué podemos hacer? Veamos.

En esta ciudad, cuyas vías principales están obstaculizadas por los proyectos de reordenamiento y la construcción del Metro, se ha puesto a funcionar el Metro Bus que intenta reemplazar a los “diablos rojos”, un sistema pésimo que funcionaba porque transportaba, aunque maltratándolas, a miles de personas a sus trabajos y de regreso, exhaustos, a sus casas. Los Metro Bus, más cómodos y seguros, pero más grandes e inadecuados para muchas de las calles de la capital, no prestan el servicio deseado debido a grandes deficiencias organizativas de base, cuya corrección debemos exigir todos (usuarios o no usuarios) de inmediato. Urge construir, de manera ordenada y rápida, paradas decentes con sus casetas; imponer el orden en las paradas para abordar los buses; establecer sistemas eficientes de tarjetas recargables; trazar rutas que presten el servicio requerido y, en fin, corregir los problemas que presenta la implementación de ese sistema. Si esto no se hace, el Metro Bus no podrá funcionar adecuadamente, a menos que se reduzca (a la mayor brevedad) la cantidad de autos en circulación.

Este es un problema que compartimos con muchas de las grandes ciudades del mundo. Cuando se escriba la historia de nuestra época no faltará quien diga: “Esa gente estaba medio desquiciada. Las ciudades las llenaban de vehículos 4x4 en el que viajaba una sola persona, y jamás circulaban por carreteras que requirieran de la doble tracción. Finalmente, consumían grandes cantidades de combustible contaminante y costoso”. La mejoría que anticipamos cuando se terminen los trabajos de las vías, se inicie la operación del Metro y mejoren los aspectos operativos del Metro Bus, no ocurrirá a menos que se reglamente la cantidad de vehículos en circulación. ¿Qué podemos hacer nosotros y qué cosas aplicables aquí han hecho otros países para ayudar a resolver problemas semejantes? Veamos varias medidas:

1. Si se impide la circulación de autos sin placa o con placa vencida –algunas de 2003–, se eliminaría una cantidad apreciable de vehículos.

2. Es preciso hacer cumplir los reglamentos a los talleres que hacen el revisado vehicular. Un vistazo por nuestras calles nos indica que no lo están haciendo.

3. Promover que vecinos y amistades compartan el transporte, mediante la reducción en el costo de la placa si lo hacen de forma continua y comprobada.

4. Reglamentar el sistema “pirata” que –está comprobado– le resuelve el transporte a muchos y... ¿a quién perjudica?

5. Aumentar el costo de las placas. En China, con un grave problema de exceso de vehículos en algunas ciudades, el costo anual de la matrícula equivale al costo de un carro pequeño.

6. Sortear cada mes un número limitado de permisos para la compra de autos nuevos.

7. Para que un nuevo carro entre en circulación, habría que retirar y “chatarrear” otro que circule con deficiencias debidamente comprobadas. Algunas de estas ideas seguramente son impopulares y hasta “antidemocráticas”. Pero tomemos en cuenta que el resultado de no hacer nada para resolver el problema es más antidemocrático.

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