MALAS DECISIONES

El colapso del transporte público: Jerónimo Ramírez Villalba

Para entender el presente, las experiencias del pasado resultan beneficiosas. En décadas anteriores a la de 1970, Panamá contaba con un sistema de transporte bastante funcional. Algunas rutas de autobuses eran propiedad de una sola empresa, como la de Parque Lefevre, cuyos conductores usaban uniforme y tenían un equipo que registraba el ingreso de cada pasajero. Existían buses pequeños de 16 pasajeros como los de la ruta de Balboa, las célebres chivitas que iban hasta el hospital Santo Tomás y buses más grandes de menos de 60 pasajeros.

Los conductores eran en su mayoría personas decentes; a los estudiantes los podían llevar a dos por uno, o no cobrarles. El pasaje costaba cinco centavos, y viajar en bus resultaba económico, placentero y seguro.

Con el golpe de Estado de 1968, el régimen les dio a los transportistas cupos, y les vendió la idea de que este negocio era su “machete” y debían cuidarlo a como diera lugar. Esto fue tomado textualmente. Ya en las siguientes décadas, los entonces bautizados diablos rojos se convirtieron en elementos disfuncionales del tránsito, causando toda clase de accidentes, con lesionados y muertos.

El problema se atacó eliminando a los autobuses, pero estos no eran la causa directa, porque son simples “máquinas”. El problema era la forma de administración por parte de sus propietarios, y de la ausencia de un verdadero control por parte del Gobierno a través de las autoridades de tránsito.

Un estricto control sobre los vehículos y sus conductores hubiese sido una medida suficiente hasta que las máquinas antiguas fueran reemplazadas por unas más modernas. Hoy, al entrar a funcionar el Metro Bus se ha agudizado el caos. Miles de personas hacen largas filas en las paradas por mucho tiempo, ya que se sacó de circulación una mayor cantidad de diablos rojos respecto a los Metro Bus que operan. No hay paradas adecuadas, y los nuevos vehículos demoran demasiado en hacer su recorrido.

Las autoridades correspondientes no encuentran solución al problema que agobia a miles de trabajadores, estudiantes y ciudadanos. Se persigue a los conductores de autos particulares que llevan pasajeros, llamándoles piratas, pero hace algunos años, durante la crisis energética de los años 1970, se pregonaba que ayudaras a tu vecino dándole el aventón.

El Gobierno obtuvo una ganancia pírrica al eliminar de plano a los diablos rojos, pero sin tener suficientes Metro Bus para movilizar a la población humilde que no posee auto. El sentido común nos dice que esto debió ser gradual. A menos que el Gobierno tenga una solución a corto plazo bajo la manga, solo visualizo que se reincorpore la cantidad de buses necesarios que el Gobierno ya pagó, hasta que se normalice la situación. Al fin y al cabo, el pueblo siempre paga los platos rotos de los errores de sus gobernantes. A este solo le queda sufrir y pasar la factura el próximo año.

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