DETERIORO DE FIGURAS POLÍTICAS

El triángulo de Las Bermudas: Jorge Gamboa Arosemena

La nación panameña navega política, social y económicamente al garete por una ruta riesgosa. Como vértices políticos de este figurado triángulo de las Bermudas tenemos a tres seres similares, cuyo vértice principal sería el Presidente de la República y, como una especie de satélites orbitadores, dos homónimos, uno del panameñismo y otro del PRD.

Dije que son tres similares, porque ese tipo de actores están cortados por la misma tijera. Dicen ser políticos, pero hacen todo lo contrario a una buena política, la que definía el papa Pío XI como “la expresión más alta de caridad humana, después de la religión”. Pero no queremos censurar a las personas, sino a sus prácticas contrarias a la búsqueda del bien común, objetivo altruista de lo que debe ser el accionar político.

Similares, porque han usado y usan los mismos métodos para escalar en sus metas. Nadie desconoce que emplean el dinero como principal instrumento; ese “poderoso caballero” que al existir personas alienadas con pocos valores, las seduce, por no decir que las “compra”, haciéndose cómplices de este tipo de personajes.

Cómplices, porque los acompañan en sus acciones que rayan en la inmoralidad; una de esas es el uso de recursos institucionales para proyectarse. El Presidente utiliza los recursos del Estado para la campaña, y los otros dos hicieron, durante sus gestiones gubernamentales, prácticas censurables, a más de que como dirigentes tradicionalistas de sus partidos hoy día, de una u otra forma, se valen de las estructuras de sus partidos, financiadas por el subsidio electoral, para proyectarse.

Otra aberración es el clientelismo, ese que compra votos dando bolsas de comida, plata, regalos para las madres o juguetes navideños, materiales de construcción y cuanto artículo atraiga a sus clientes –los votantes– como ocurrió en El Bebedero, o prometiendo a adocenados seguidores con muchas necesidades y baja autoestima, ya sean para ellos o para sus allegados, cargos públicos, de alta o baja monta, becas, contratos y cuanto la codicia pueda imaginar. Además, los del triángulo tienen mentalidades moldeadas en la derecha ideológica primitiva, esa que vela por el capital, mas no por la gente, haciendo que sus allegados aumenten sus fortunas, violando códigos legales o morales, en detrimento del resto de la población.

En política internacional viven y respiran para Estados Unidos, solo hay que ver que el principal de esta tríada hizo de Panamá un ridículo internacional al hacer que su embajador en las Naciones Unidas votara contra la integración de Palestina, como Estado no miembro observador, a la Asamblea General. Y los homónimos, a pesar de que sus partidos dicen ser nacionalistas, han pasado agachados ante esta aberrante política exterior, caracterizada por el adocenamiento del Gobierno de Panamá a los intereses gringos y de su aliado en Medio Oriente, Israel.

Son tan insensatos que le dan la espalda a un pueblo que lucha por su autodeterminación, como luchó Panamá para sacar la estaca colonial que, en forma directa, nos sojuzgó desde 1846 hasta 1999. Pero por nuestra calidad de país neutral –¿o es que se olvidan que tenemos un tratado de neutralidad por el Canal? (aunque tenga deficiencias)–, debimos abstenernos en la votación. Uno de los iguales propició el desliz y los otros dos se hicieron cómplices, por no censurar la acción. Y qué decir cuando uno de ellos quiere comprar a los milicos, con aumentos o viáticos, y los otros dos no censuran el acto, porque igual quieren tenerlos de su lado, no importa la moralidad ni la viabilidad presupuestaria del hecho.

Pero si estos vértices del figurado triángulo fatídico no son suficientes, aparecen en el horizonte unos tocayos que, podemos presagiar, son más de lo mismo porque igual pertenecen a la clase del empresariado metido, eufemísticamente, a político independiente uno, y el otro, a pesar de ser vicepresidente de un partido, hace campaña tránsfuga para sí o para su tocayo, sondeando ambos la posibilidad de postularse, uno u otro, a Presidente.

Hay otros de esta casta que impulsan a elementos sin escrúpulos que aspiran a ganar cargos de elección, como diputados o alcaldes, para hacerse de fortunas o aumentar las propias y servirles a sus patrocinadores.

Panamá no puede transitar el fatídico triángulo de estos tres iguales. Este riesgo debe ser conjurado mediante la acción decidida de los ciudadanos que se han mantenido al margen del pendular politiquero. No hacerlo es contribuir más a la degradación de este pueblo.

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