RENOVACIÓN DE FIGURAS

El triste sueño del fútbol panameño: Jaime Cheng Peñalba

Fui jugador de fútbol aficionado durante décadas y al igual que miles de panameños que hemos seguido este deporte de multitudes y pasiones nos merecemos el derecho de emitir nuestras opiniones al respecto.

En los albores de la clasificación al Mundial de Brasil, cuando no se vislumbraba una figura clara como timonel del equipo panameño, se barajaron varios nombres de técnicos extranjeros para que nos brindaran sus servicios profesionales. Me consta que el propio presidente de la República, Ricardo Martinelli, habló de grandes inversiones y de contratar a lo “mejor de lo mejor” como entrenadores y técnicos en el plano internacional.

A lo mejor no le cayó en gracia al Presidente el hecho de que un grupo de jugadores del equipo nacional con cierto respaldo de medios de comunicación propusiera a los hermanos Dely Valdés como técnico y suplente de nuestra selección. También favoreció la coyuntura el hecho que tuvimos un técnico extranjero que no logró resultados positivos en la eliminatoria anterior e incluso se habló vox pópuli de haberse vendido como suele pasar al calor de estas contiendas.

Para ese entonces entablé una controversia con un grupo de veteranos del fútbol panameño sobre esta decisión y coincidimos en que el ser buen jugador profesional no era carta de presentación para ser un excelente técnico. Realmente a nivel mundial han sido pocos los buenos jugadores que han sido magníficos técnicos.

Al cabo de poco tiempo empezamos a conocer el verdadero perfil del técnico panameño (Julio Dely Valdés). Su arrogancia y caprichos personales lo llevaron a desechar buenos jugadores como Nicolás Muñoz, dos veces campeón goleador de la liga salvadoreña que, a mi juicio, sí es competitiva, pues El Salvador ha ido a por lo menos a un Mundial y nosotros no. Lejos de escuchar el clamor de muchos aquí en Panamá, incluso conocedores del fútbol como Gary Stempel, que a mi parecer es uno de los mejores técnicos en Panamá, lo que hizo Julio Dely fue implantar su esquema individualista. Su personalidad soberbia lo llevó a irritarse con las preguntas de algunos periodistas deportivos locales que cumplían su labor profesional contestándoles con groserías.

Es cierto que los Dely Valdés llevaron a la selección a un subcampeonato de Concacaf, pero no es lo mismo una copa regional que el calibre y el prestigio de un Mundial de fútbol. Tampoco es igual una copa que una copiña. Nos pusimos eufóricos con este resultado, pero perdimos la perspectiva de nuestra meta principal.

Solo el recuento de todos los juegos que tuvimos nos dicen que ganar uno de 10 no representa nada al final del camino. Todo Panamá coincide en que el juego que empatamos con Costa Rica en casa después de ir ganando dos a cero fue sencillamente una chambonada técnica y nos daba el primer campanazo de una serie de zigzagueos en los esquemas de juego. Siempre Julio Dely ensayó en los juegos y nunca tuvimos un onceno seguro para competir dignamente como sí lo tenían las otras selecciones.

¿Fuimos engatusados nuevamente por el poder de las cuñas comerciales? En parte sí. Pero a diferencia de las clasificaciones anteriores, esta vez teníamos un equipo con mucha calidad con cantidad de jugadores que dieron el todo por el todo por la camiseta, pero que fueron descalificados como el caso de el Ruso Barahona y Rolando Escobar. Un técnico que antepone sus antipatías y emociones por encima de la inteligencia sencillamente no califica. De pronto puede dirigir minitorneos o ser director de una escuelita de fútbol, pero nunca para la altura de un Mundial.

Muchos todavía no han aprendido la gran lección de vida que la arrogancia se paga con humillación. Al final Julio Dely, después de haber culpado todos de la derrota de nuestra selección en encuentros pasados, no le quedó más remedio que cargar con la culpa a lo mejor conmovido por el llanto de impotencia de los jugadores tendidos en la grama luego de la fatídica derrota ante Estados Unidos.

Como ciudadano y amante del fútbol, pido respetuosamente al presidente, Ricardo Martinelli, que solicite la renuncia inmediata de todos los involucrados en esta debacle nacional, incluyendo a los directivos de la Fepafut, pues no se puede jugar con la esperanza de un pueblo.

Que se inicie un nuevo proceso y se contrate a un técnico profesional no importa que sea foráneo, pues Costa Rica, Honduras, Colombia y una decenas de países lo tienen y ya están en el Mundial, pues el fútbol ya dejó de ser un deporte local para convertirse en universal.

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