MIRADA AL PRD

´Y tumbó la mula a Genaro´: Roberto Garrido Visuette

Esta frase muy popular del refranero cubano y propia en la primera mitad del siglo pasado en toda Latinoamérica, se usaba cuando ocurría algún acontecimiento que por lo inusual sorprendía a las personas comunes y corrientes, hoy, a los panameños de a pie.

Resulta que un señor llamado Genaro tenía una mula mansa, tan mansa que su dueño solía montarla por cualquier lado, dormirse sobre ella y hasta tomar las patas traseras para curar cualquier lesión o sacarles espinas, sin provocar ninguna reacción violenta del animal.

Los amigos siempre le advirtieron a Genaro sobre la peligrosidad de estas acciones, pues “uno no puede confiar en las mulas, porque siempre están al acecho”, decían. Un día, simple y llanamente, la mula lo “estrelló”, yendo Genaro a parar –con toda su anatomía– al suelo y desde ese día ante cualquier suceso inesperado la población repite la frase comentada.

Esto parece haberle ocurrido al PRD. Los miembros del otrora partido de Omar nos ufanábamos de tener el “partido político más grande y organizado del país; toda una maquinaria electoral”. De contar en sus filas con miles de “cuadros políticos” y de ser un “partido sin dueños”.

Pero en las elecciones del año 2009 y, también, en las de 2014, las “bases del PRD” extenuadas y cansadas de tanto desacierto, componendas y traiciones de sus dirigentes; así como un pueblo “indignado” –cual mula al acecho– nos ha lanzado casi que al basurero de la historia política.

En las dos últimas elecciones generales y en los más recientes torneos parciales, la mula (el pueblo panameño, sencillo y poco malicioso) tumbó a la Chola, a Bimbín, a Ovidio y también a Olivares Frías. Pero ese alcance político no se agota con las personalidades afectadas, sino que es un golpe directo a la cúpula del PRD y, sobre todo, a la fracción o fracciones de la oligarquía que secuestraron el partido en función de sus mezquinos intereses económicos y políticos.

El problema del PRD es de fondo y no de forma. Tampoco se resuelve con la añoranza de líderes mesiánicos. Se trata de volver al método de debate político y de los principios consignados en los documentos fundamentales, pero que en estos momentos son letra muerta.

En concreto, el CEN del PRD debe nombrar una comisión especial de renovación torrijista, para producir un gran debate nacional, no solo con los miembros de nuestro partido, sino abierto a todo el pueblo que nos lleve a explicar políticamente las causas y consecuencias de las derrotas electorales consecutivas.

Esta misma comisión especial debe constituirse en la organizadora del Congreso Nacional del PRD, para renovar todos los estamentos del partido.

Está demás indicar que el éxito del partido y de la comisión especial descansa en la amplitud de criterio para su integración. Ni azules ni rojos ni blancos, confiamos que el pendón de la unidad torrijista sea nuestra bandera tricolor.

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