CREACIÓN

´El universo de Hawking´: J. Enrique Cáceres-Arrieta

En dicha serie televisiva, Hawking hace aseveraciones que sorprenderían a Newton y a Einstein. Sostiene: “La Tierra y todo lo que nos rodea fueron creados por las estrellas. Esos hornos de hidrógeno hirviente produjeron hasta los átomos de nuestras pestañas”. ¿Es esa la declaración de un científico? ¡Sí! ¿Es científica esa afirmación? ¡No! Es la creencia naturalista “de molécula a hombre”, que cree que si se le da tiempo suficiente al hidrógeno, se convertirá en gente.

Xavier escribió: “Asombra saber que la aparición natural de seres vivientes en la Tierra tardó miles de millones de años, pero podría conseguirse en tiempo irrisorio bajo condiciones óptimas de laboratorio”. Asombra la credulidad para abrazar presupuestos huérfanos de evidencias de laboratorio.

Malcolm Dixon y Edwin C. Webb, eruditos en enzimas, aclaran: “Afirmar ligeramente, como algunos, que la vida surge inevitablemente dondequiera que se den condiciones favorables para su existencia, significa demostrar una ignorancia absoluta de los problemas involucrados”.

He aquí el credo naturalista: De la nada ha surgido todo de forma exclusivamente natural/ La materia inerte ha producido vida/ El azar origina precisión/ El caos genera información/ La inconsciencia crea conciencia/ La irracionalidad da lugar a la razón.

¿Hay pruebas de laboratorio que sustenten eso? ¡No! Esa ideología materialista colisiona con razón, lógica y ciencias naturales. La ley de la biogénesis evidencia que la vida surge solo de vida preexistente, y perpetuará únicamente su especie. Pasteur demostró que la generación espontánea es una falacia. La teoría de la abiogénesis, por tanto, también lo es.

Hawking prosigue: “El hecho más fascinante es que este vasto universo, innumerables galaxias, tiempo, espacio y fuerzas de la naturaleza se materializaron de la nada [sin una causa]”. Veamos: Lo que empieza a existir tiene una causa. El universo empezó a existir. Tiene una causa. Creer en un universo incausado o que se crea a sí mismo no es ciencia. Es pensamiento mágico. Hawking escamotea que el universo tuvo necesariamente una causa fuera de él. La segunda ley de la termodinámica establece que cualquier cambio en un sistema físico produce siempre más desorden, no el orden observado en el universo.

En The Grand Design, Hawking cree que Dios es innecesario en el origen del universo, y el Big Bang consecuencia de leyes físicas. “Debido a que hay una ley como la gravedad, el universo puede crearse de la nada [un espacio lleno de energía]”. Hawking obvia que materia y antimateria se destruyen mutuamente, liberando enorme cantidad de energía. Opuesto a la creación de materia. Para que de ahí surgiera el universo era preciso un ligero exceso de materia. Pero tal postulado sale del laboratorio y cae en metafísica. Donde no hay energía, espacio, materia, tiempo... es remotamente improbable que surja algo espontáneamente. ¿De dónde, pues, surgieron energía e información contenidas en el universo? Hawking no sabe. Argumenta en ignorancia. Por muchas leyes y gravedad que hubiese, tocaría preguntar ¿quién creó leyes y gravedad? ¿Se crearon solas? ¡Imposible! La nada (absoluta) no produce nada. Con todo y los estudios cosmológicos, el origen del universo es inaccesible para las ciencias naturales y su método de investigación. Entonces, ¿de dónde saca Hawking que el universo, tiempo, espacio y leyes salieron de la nada o de energía en desorden? De su fértil imaginación metafísica. William Lane Craig afirma que la creencia de que las cosas pueden originarse de la nada es peor que la magia. ¡Por lo menos cuando un mago saca un conejo de un sombrero, hay un mago y un sombrero! Pero en el ateísmo, el universo salta a la existencia de la nada, sin explicación razonable, menos realmente científica.

Hawking añade: “[...] Parece poco probable que la vida sea solo coincidencia. ¿Existe una fuerza superior que organizó todos esos golpes de suerte? No. ¿Qué sucedería si hubiese universos no tan afortunados como el nuestro? Cada uno pudo formarse de su bing bang con leyes diferentes y otras condiciones. En algunos, la gravedad podría no existir y tampoco existiría la vida. En otros, el hidrógeno podría no haberse fusionado. Por ello no habría estrellas y tampoco existiría la vida. Por razones diferentes los universos podrían nacer y morir sin ninguna consecuencia. Quizáno deberíamos sorprendernos por vivir en un universo perfecto, orbitando alrededor de un sol perfecto, en un planeta perfecto, porque esos lugares perfectos son universos donde la vida como la nuestra puede existir”. Hawking filosofa, no hace ciencia. Es censurable que un científico hable de “golpes de suerte” y “universos afortunados”, porque suerte, azar, proceso ciego, inconsciente y automático no tienen cabida en ciencia, sino en ciencia-ficción y elucubraciones filosóficas. La “lotería cósmica” que “ganamos” por vivir en un planeta perfecto existe solo en el pensamiento fantasmagórico de algunos. Detrás está Dios al que niegan.

En definitiva, el origen del universo y la vida son únicos e irrepetibles. Imposibles de replicar en laboratorio. Toca creer naturalismo o creacionismo. Y cada uno cree lo que quiere y lo que le conviene.

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