DERECHO CIUDADANO

El uso de las armas de fuego: John A. Bennett N.

Entro en el debate sobre la tenencia y porte de armas de fuego no porque las admiro, sino porque valoro las libertades intrínsecas, y sin estas quedaríamos a merced de quienes no tienen ley.

Lo primero que me llama la atención es que, en muchos casos, lo que domina la discusión no viene del intelecto sino de esas vísceras que son muy malas consejeras, como bien sabe todo el que la ha pasado mal luego de un atracón. Una mujer dice que “no entiende por qué alguien necesita un arma capaz de disparar muchas balas”, y creo que cualquier policía le puede responder eso, cuando vemos casos en los que un maleante recibe hasta 20 impactos y sigue de pie. Si los policías tienen el derecho de defender y defenderse de los facinerosos, ¿acaso ese mismo derecho no lo tienen quienes pagamos sus salarios?

Quedamos en gran desventaja ante quienes no respetan la ley, al creer que nuestra seguridad es plenamente delegable. Como bien señaló un experto en seguridad: “Si alguien se mete en mi casa, yo primero actúo para defender a los míos y luego llamo a la policía”. Pero la defensa personal va mucho más allá de las armas, y tiene que ver con nuestra actitud en tantas otras esferas de la vida; tal como la educación y la seguridad social y el pensar que todo eso, también, es algo que podemos delegar alegremente a los gobiernos.

Gran parte de los problemas de armas, educación, economía, salud y otros más, surgen a partir de un errado entendimiento de la relación entre los ciudadanos y sus gobiernos, porque estos últimos no están para suplantarnos, sino para potenciarnos. Un policía no puede hacer nada que no pueda hacer el ciudadano, incluyendo arrestar. El hecho de que les hemos contratado es parte de lo que se conoce como “la división del trabajo”. Puedo contratar a alguien que me construya mi casa, lo que no quiere decir que no tengo la opción de construirla yo mismo.

Otro aspecto del debate lo tenemos en esa tendencia fatal de tantos que cada vez que se enfrentan a tragedias, en vez de buscar las soluciones para mejorar la sociedad, simplemente, optan por darle más y más poderes al apparatchik.

¿Acaso no sabemos que los gobiernos son glotones de poder, ansiosos de crecer como hierba mala? Por algo Thomas Jefferson advirtió: “Los dos enemigos de la gente son, los criminales y el gobierno; por ello, debemos colocarle los grilletes de la Constitución al segundo de manera que este no se convierta en una versión legalizada del primero”.

Todos tienen el derecho de portar armas o no, lo mismo que tantos otros derechos, pero si cada vez son más los que se rehúsan a ejercer sus derechos, sean en cuanto a las armas u otros, nos estaremos convirtiendo en una sociedad de minusválidos que serán fácil presa de los grupos organizados, que sí ejercen el poder.

La libertad y el progreso implican responsabilidades que sale caro eludir. Es delirante ver que algunos escogen no trabajar, porque ese es su derecho y luego claman que la sociedad les teja una red de sustento. También vemos a tantas comunidades que demandan del Gobierno “soluciones” a sus problemas; pero resulta que no es el Gobierno el que paga sino los demás ciudadanos que sí trabajan y producen. Indudablemente, que hay casos en los que la sociedad tiene que prestar ayuda, pero como en todo las cosas tienen su buen y mal uso; y no es sano olvidar que la solidaridad es otra de esas cosas que no debemos delegar al Estado, porque la solidaridad solamente es auténtica cuando es personal.

Lo medular en todo este tema de derechos, como el de tener y portar armas, es que en la medida en que más ciudadanos pueden y eligen no ser pasivos, la sociedad se ve fortalecida; ya sea que estemos hablando de trabajar, ahorrar, pertenecer a un organismo social y tal.

Es peligroso no ahorrar para el futuro, como también lo es si no tomamos previsiones para nuestra seguridad; y la seguridad tiene muchas facetas, comenzando por la disposición de cada persona, de la familia, el barrio y la sociedad en general. En el área en donde yo vivo hay calles en las que los vecinos se organizan y otras, no. Curioso es que en las menos organizadas la tasa de asaltos sea mayor.

Desafortunadamente, en un mundo en que el comercio ilegal de las armas es tan grande que hasta las alquilan o venden desde los arsenales de la policía y hasta los presidiarios las tienen, es irresponsable que algunos pretendan que, porque a ellos no les gustan, los demás también debemos rehusar a nuestro derecho de utilizarlas, de forma responsable.

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