COSAS IMPORTANTES

¿Es usted rico?: Franklin Nelson Arias Real

En diciembre 24 de 2010, la radio pública estadounidense (NPR por sus siglas en inglés) transmitió el programa Marketplace en el que se preguntaba al gringo promedio si con 250 mil dólares, después de impuestos y deducciones, ellos se consideraban ricos (http://marketplace.publicradio.org/display/web/2010/12/24/mm-question-is-250000-rich/), ya que ese es el límite que el Congreso usa para determinar quiénes son “ricos” y quiénes no, para políticas de tasas tributarias.

Por supuesto, no es lo mismo vivir en Nueva York, la ciudad más cara en Estados Unidos y la número 32 en el mundo, que vivir en el industrial y agrícola estado de Wisconsin, en donde actualmente vivo y en donde cada dólar alcanza para un poquito más.

Sin embargo, tan interesante plática materialista se tornó en qué significa ser rico contra sentirse satisfecho. ¿Se puede ser millonario y pobre a la vez? ¿Es ser rico poder comer tres platos de comida al día o es el poder irse a Miami de vacaciones y de compras? ¿Es pagarle la cita médica a la abuela o es ahogarse uno en objetos materiales y dejar que se pudran quienes nos trajeron a este mundo? ¿Es ser pobre ser Presidente y sentirse inferior, comparado con el multimillonario mexicano Carlos Slim, o es ser rico el poder ayudar a amigotes con contrataciones directas? ¿Soy rico porque soy un empresario hecho y derecho o me considero pobre porque no puedo administrar cada kilómetro cuadrado del país con la eficiencia de los pasillos y anaqueles de un supermercado? Recuerdo que hace 20 años viajaba, con tan solo tres dólares en el bolsillo, en un autobús que se dirigía de Vía España a Río Abajo. Cuando pasábamos por el área de Carrasquilla vi a mi comadre con mi ahijada en una parada, esperando por un bus, pero no tuve tiempo de saludarla. Semanas después le comenté a mi pariente que la había visto en aquella parada; me confesó que allí se quedó casi tres horas hasta que alguien le dio 15 centavos para poder irse a casa.

Orgullo tenemos todos, y ella no quería mendigar a nadie para llevar su bebé a casa. Ese día lo tengo clavado en mi memoria.

¿Por qué? Porque bien pude haberla saludado desde el bus y pasarle un dólar, que no me hubiera hecho ni más rico ni más pobre, pero sí mucho más satisfecho. Y he allí la clave para sentirse rico y estar satisfecho, es vivir alegres, rodeados de familiares y amistades sinceras y gratas, no de meteóricos contactos, comerciales o políticos, que ensordecen y enceguecen, en vez de alumbrar y guiar.

Hoy, a mis 44 años de edad, yo no soy ni deseo ser millonario, pero me siento rico y satisfecho, sobre todo, después de la visita de mis sobrinos panameños por cinco semanas acá, y la de mi hermano y cuñada por una semana en mi hogar en Wisconsin, en mi adoptivo Estados Unidos. Como decía Cantinflas: “pos ahí está el detalle!”.

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