REORIENTACIÓN

El modelo y los valores en la educación superior: Doralida Velas

Los sentimientos más reprochables surgen cuando advertimos amenazas a nuestra seguridad, en el trabajo, en un puesto político, en la trayectoria profesional o en nuestros sentimientos amorosos; pero, una cosa es sentirlos y evadir la tentación de hacer algo inmoral, y otra es darle rienda suelta a nuestros intereses, que pueden ser mezquinos, y actuar para mantener nuestro estatus.

En el caso de personas u organizaciones que han mantenido por largo tiempo una condición privilegiada, es común ver que cuando se quiere hacer un cambio que varíe esa posición, echen mano de cualquier medio para mantenerla. Una de las formas más comunes de torcer brazos, como se dice popularmente, es recurrir a los rumores y al desprestigio de quienes se oponen a seguir con prácticas de larga data. Prácticas que, en su momento, fueron buenas, pero con el pasar de los años y los cambios en el mundo en cuanto a exigencias, derechos, tecnología y tendencias, se han tornado obsoletas.

El miedo a perder el control de lo que consideramos nuestro y la obsesión por mantener una posición, dan cabida al maltrato moral y psicológico en contra de personas que, con fines nobles, luchan contra el sistema; esos entes desesperados se aprovechan de la ignorancia del hombre común y lo desinforman con el único propósito de mantener el control sobre una posición. Las autoridades en la educación superior son modelos a seguir; por eso, es importante que su conducta sea íntegra, ya que con ella moldean ciudadanos. Una persona con un título es solo eso, pero una persona con un título y con valores es un profesional, cuya reputación trascenderá las fronteras y el tiempo.

Una comunidad universitaria con liderazgo del bueno, se siente y se respira por donde se pasa; sus mejores manifestaciones se pueden percibir en el trato amable de la gente; en estudiantes bien preparados que, independientemente de su condición económica, son sencillos en su actuar; en docentes compenetrados con sus alumnos; en decisiones sabias que más que beneficios personales buscan el bien común; en un ambiente agradable sin más presión que la que se imprima uno mismo para hacer las cosas bien.

He participado en visitas externas a cerca de 15 universidades, y he tenido la experiencia de compartir con verdaderas comunidades, en las que el liderazgo del rector o rectora se imponen, y todos sus miembros se mueven en una sola dirección para alcanzar los objetivos propuestos. Como resultado, se tiene una universidad reconocida por la sociedad en la que está inserta, respetada en su país, reconocida en el extranjero y, lo más importante, con estudiantes y graduados con sentido de pertenencia, comprometidos con el desarrollo sostenible, en lo económico, político y en valores humanos.

La educación superior requiere que las autoridades universitarias reorienten el rumbo y se unan a ese club selecto de instituciones académicas modeladoras de profesionales y ciudadanos exitosos, dejando a un lado los sentimientos que en nada ayudan al combate de la ignorancia.

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