MEDIOAMBIENTE

La quema de masa vegetal es un delito ecológico: Enrique Lau Cortés

En lo que va del año, el Benemérito Cuerpo de Bomberos de la República de Panamá ha atendido cerca de 50 incendios de masa vegetal por día. Esto representa aproximadamente 4 mil 400 incidentes, lo que ha demandado la participación de entre 50 y 300 bomberos por llamada, quienes trabajaron un promedio de ocho horas para controlarlos.

El 75% de los bomberos son voluntarios. A esto hay que sumarle los costos de las operaciones, los riesgos a la salud del ambiente y de la población, como también los peligros a los que se exponen nuestros bomberos al no tener los equipos adecuados de protección personal, ni los vehículos capaces de penetrar y acercarse a los focos encendidos para su extinción. A pesar de todo, el sacrificio ha merecido la pena: se ha cumplido con preservar la vida y propiedades de la sociedad.

Todavía no se ha tomado conciencia de la gravedad del problema. Con estas acciones se destruyen plantas y animales, se erosiona la capa fértil de la tierra y se modifica su grado de acidez, empobreciéndola. Además, se emiten gases tóxicos entre los que sobresalen el monóxido y el dióxido de carbono que van a la atmósfera agravando el efecto invernadero que retiene el calor y recrudece los efectos del calentamiento global, con todas sus dañinas consecuencias al planeta. También se afectan los seres humanos, sobre todo, en las vías respiratorias (muchos sufren de tos crónica, asma y bronquitis), piel, mucosas y ojos, con lo que se reduce la productividad de la población.

Para que un incendio se desarrolle, se requiere del oxígeno que está en el aire, el material combustible que puede ser hierbas, árboles o rastrojos, y calor para iniciar la combustión que, en la mayoría de los casos, está asociada a la mano del hombre, ya sea por lanzar colillas de cigarrillos, quemas no controladas de basura o monte con fines agrícolas, y por la acción de pirómanos. Una vez establecido el incendio, se incorpora la reacción en cadena que perpetua el fuego hasta que ya no queda nada por quemar.

Hasta el futuro del Canal de Panamá se ve afectado, ya que la explotación económica de la cuenca, con estas prácticas, ocasiona erosión de la tierra y sedimentación en las fuentes de agua, lo que junto al fenómeno de El Niño ha obligado a bajar el calado de los barcos que cruzan la vía interoceánica. A esta situación se suma la caída de los precios del petróleo, que ha llevado a las navieras a considerar dar la vuelta por el Cabo de Hornos, aunque esta decisión les acreciente en 15 días más el viaje, dado que esto les sale más barato que pasar por el Canal.

Frente a esto, la Autoridad del Canal de Panamá enfocó su estrategia en vender el paso transístmico, como un tránsito verde que ahorra 15 días de contaminación ambiental al planeta. Por otro lado, el Ministerio de Ambiente anunció la flexibilización de la resolución 734 de diciembre de 2015, para dar excepciones en la quema de hasta dos hectáreas a cerca de 1000 campesinos de subsistencia que, según se informa, no han podido preparar sus tierras para sembrar arroz y maíz.

Estos hechos dejan al descubierto la ausencia de políticas públicas coherentes que eviten el daño a la biodiversidad que la quema produce en nuestro país. Se requiere actuar con prontitud desde diversos escenarios: hay que seguir educando a toda la población, en particular, a nuestros niños para incorporarlos a la cultura del respeto al ambiente; al mismo tiempo, se deben endurecer las sanciones por la quema de masa vegetal para desincentivar esta práctica nociva del panameño, y que se impulsen asistencias interinstitucionales a los agricultores de subsistencia. Es necesario reactivar los programas de incentivos a la reforestación, así como promover el voluntariado para proteger nuestra biodiversidad.

Como mención especial, se requiere dotar a los bomberos panameños de los equipos de protección personal, herramientas, vehículos de extinción especializados y la capacitación técnica incorporando la tecnología, para facilitarles su labor, ya que están cerca del límite de sus capacidades y eso es peligroso. Tenemos un plan estratégico claro, que contempla un presupuesto de inversión, además de la fuente de financiamiento del 5% de todas la primas de seguros contra incendios que se generan en el país, y que deben estar en un fideicomiso institucional. Lo cierto es que si no actuamos seremos testigos indiferentes de la quema del país y del daño irreversible a nuestro planeta.

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